Por: Carlos Castillos
Sr Prevost
Dirigirme a usted por su nombre y apellido se me ocurre que vuelve más terrenal el mensaje. Y ese es el propósito. Bajar a la tierra aquellas cuestiones que tienen que ver con nosotros, los seres humanos, respetando, por supuesto, todas las creencias religiosas.
No practico ninguna religión pero tampoco cuestiono a los miles de seres humanos que en este planeta miran al cielo, confiados que la solución a los problemas vendrá de allá arriba.
Usted decidió adoptar el nombre de León “en honor al papa León XIII, quien desarrolló la doctrina moderna social de la Iglesia en medio del tumulto de la segunda revolución industrial”
Su misión religiosa es trasmitir un mensaje de paz, amor, armonía, solidaridad y tengo entendido que su preocupación, parecida a la de León XIII, se centra en los trabajadores y en la justicia.
Pocos días después de su elección como papa, el 8 de Mayo del año 2025, usted pidió a los cardenales “renovar su compromiso con los principios del Concilio Vaticano II y con el documento Evangelii gaudium del papa Francisco, que imagina una Iglesia que abraza su diversidad global y lucha por los pobres”. (El lector puede consultar estos documentos en internet).
Por estas y otras razones, tal vez más profundas, es que no consigo entender cómo es posible que su visita a Uruguay, Argentina y Perú cueste unos 45,5 millones de dólares, aproximadamente. Usted vivió en Perú y sabe lo que significa esa cifra para los pueblos.
Uruguay unos 3,5 millones, Perú 18 millones y Argentina 24 millones. Hay gente que se pregunta, con genuina preocupación, de dónde sale ese dinero.
En Uruguay, que es un país laico, o sea que el Estado está separado de la Iglesia, sus representantes han organizado rifas y colectas. Rifan autos, aun apartamento y abren alcancías en los pueblos.
En Argentina la Conferencia Episcopal lanzó un programa para recibir donaciones y para que “han habido compromisos de empresarios que han comprometido más de un millón de dólares para financiar la visita, según la prensa.
En Perú son fondos públicos. O sea que es la gente, y tal vez mucha gente pobre, la que pone el dinero. Según se informó oficialmente, “el gobierno (peruano) transfirió recientemente a la Cancillería 63,2 millones de soles, que son unos 18 millones de dólares” para organizar su visita.
“El monto proviene de la Reserva de Contingencia del MEF (Ministerio de Economía y Finanzas) y, según el Decreto Supremo N° 176-2026-EF, publicado en las Normas Legales de El Peruano, el periódico oficial del gobierno.
Se agrega que ese dinero “será destinado a la Cancillería para financiar bienes y servicios vinculados con la atención y organización” de su visita.
La preocupación radica entonces en esas cifras, que seguramente muchas personas pueden considerar desproporcionada, porque no hay cálculo que admita que un viaje de Italia a Sudamérica cueste 45 millones y medio de dólares.
Es cierto que usted viene con una delegación de unas 150 personas, pero según las informaciones que circulan en Uruguay y la región una gran cantidad de los integrantes de la delegación son periodistas.
¿También a ellos hay que cubrirles los gastos?. Las empresas periodísticas para las que trabajan no se encargan de esos gastos?. Si no se encargan, deberían encargarse porque traerlos en comitiva oficial, invitados por El Vaticano, pero pagados por los pueblos de estos países, no parece muy razonable.
Señor Prevost. Seguramente a usted no le llegarán estas preocupaciones que creo, sin ninguna soberbia, son preocupaciones de mucha gente. Me gustaría saber si usted está enterado de este panorama, que, en mi opinión, desmerece un poco su visita de Estado.
A veces se me ocurre pensar que usted pudo haber impedido que sus representantes en estos países aprovecharan este viaje para recaudar fondos millonarios, que tanta falta hacen en estos pueblos, repletos de necesidades básicas sin satisfacer.
Le saludo atentamente
Noviembre de 2026, a cuatro días de su aterrizaje en Montevideo.