Por Alonso Rosales
Observador Internacional
El acuerdo alcanzado entre Estados Unidos y Arabia Saudita para desarrollar un programa nuclear civil con autorización para enriquecer uranio representa uno de los cambios más significativos en la política de no proliferación nuclear de Washington en las últimas décadas. La decisión de la administración del presidente Donald Trump no solo modifica el equilibrio estratégico en Medio Oriente, sino que también genera fuertes cuestionamientos por el aparente doble rasero aplicado por Estados Unidos frente a Arabia Saudita e Irán.
Aunque la Casa Blanca sostiene que el programa saudita tendrá fines exclusivamente civiles y energéticos, el pacto rompe con una política histórica estadounidense que impedía a sus socios desarrollar capacidades de enriquecimiento de uranio dentro de su territorio.
El acuerdo deberá ser revisado por el Congreso estadounidense antes de entrar en vigor y tendría una vigencia estimada de treinta años.
Un cambio histórico en la política estadounidense
Durante años, Washington exigió a los países que deseaban cooperación nuclear aceptar el llamado “estándar de oro”, que prohíbe el enriquecimiento de uranio y el reprocesamiento de plutonio, precisamente para reducir el riesgo de que esas tecnologías puedan convertirse posteriormente en programas militares.
Ese fue el caso de Emiratos Árabes Unidos en 2009.
Sin embargo, según la información divulgada por The New York Times, The Wall Street Journal, Associated Press y Reuters, Arabia Saudita obtendría condiciones considerablemente más flexibles, incluyendo la posibilidad de enriquecer combustible nuclear dentro de su territorio.
Para muchos especialistas, este cambio representa una excepción sin precedentes dentro de la política de seguridad estadounidense.
¿Por qué preocupa a Israel?
Israel observa el acuerdo con enorme cautela por varias razones estratégicas.
En primer lugar, aunque Arabia Saudita mantiene actualmente una relación menos conflictiva con Israel que décadas atrás, ambos países no mantienen relaciones diplomáticas plenas y sus intereses pueden cambiar dependiendo de la evolución política regional.
El temor israelí no es únicamente el presente, sino el futuro.
La infraestructura necesaria para enriquecer uranio con fines civiles utiliza prácticamente la misma tecnología que puede emplearse para producir material apto para armas nucleares si un gobierno decide abandonar sus compromisos internacionales.
Otro elemento que inquieta al gobierno de Benjamin Netanyahu es que, según diversas publicaciones estadounidenses, el acuerdo limitaría algunos mecanismos adicionales de supervisión internacional que Washington tradicionalmente exigía.
Israel considera que cualquier relajación de las inspecciones incrementa el riesgo de proliferación nuclear en una región ya extremadamente inestable.
Además, existe un componente geopolítico.
Si Arabia Saudita desarrolla capacidad propia para enriquecer uranio, otros actores regionales como Turquía o Egipto podrían exigir un tratamiento similar, desencadenando una carrera tecnológica nuclear en Medio Oriente.
El contraste con la política hacia Irán
Uno de los aspectos más polémicos del acuerdo es el contraste con la postura mantenida por Washington frente a Irán.
Durante años, Estados Unidos sostuvo que el enriquecimiento de uranio por parte de Teherán representaba una amenaza para la seguridad internacional, aun cuando el gobierno iraní insistía en que su programa tenía fines pacíficos.
Ese argumento sirvió para justificar sanciones económicas, presiones diplomáticas e incluso operaciones militares conjuntas con Israel contra instalaciones nucleares iraníes.
Ahora, la autorización concedida a Arabia Saudita plantea inevitables preguntas.
Si enriquecer uranio constituye un riesgo inaceptable en Irán, ¿por qué deja de serlo cuando quien desarrolla esa capacidad es un aliado estratégico de Washington?
La administración Trump responde que Arabia Saudita será un socio responsable y que el acuerdo incluirá mecanismos suficientes para impedir una desviación militar del programa.
Sin embargo, numerosos congresistas estadounidenses consideran que aún existen demasiadas incógnitas.
Los intereses económicos también pesan
El acuerdo también posee una importante dimensión económica.
Empresas estadounidenses, especialmente Westinghouse, podrían obtener contratos multimillonarios para construir reactores nucleares y desarrollar infraestructura energética en Arabia Saudita.
Al mismo tiempo, Washington evita que ese mercado estratégico termine en manos de competidores como China, Rusia, Corea del Sur o Francia, todos interesados desde hace años en participar en el ambicioso programa energético saudita.
La cooperación nuclear fortalece además la alianza política entre Washington y Riad en momentos en que ambas naciones buscan consolidar su influencia frente al creciente peso chino en Medio Oriente.
Un Congreso dividido
El acuerdo aún enfrenta un importante desafío político.
Tanto legisladores republicanos como demócratas han expresado reservas sobre las concesiones realizadas por la Casa Blanca.
Durante el período de revisión legislativa podrían presentarse objeciones relacionadas con las salvaguardias internacionales, la supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y el precedente que este acuerdo podría establecer para otros países.
Aunque Donald Trump mantiene capacidad para defender el pacto, el debate promete ser intenso dentro del Congreso estadounidense.
Análisis
Más allá de sus beneficios económicos y diplomáticos, el acuerdo representa un cambio profundo en la estrategia estadounidense sobre la no proliferación nuclear.
Durante décadas, Washington sostuvo que limitar el enriquecimiento de uranio era una condición indispensable para evitar la expansión de armas nucleares.
Ahora, por razones geopolíticas, estratégicas y comerciales, esa política parece flexibilizarse para uno de sus principales aliados en Medio Oriente.
Esta decisión podría redefinir el equilibrio regional y alimentar cuestionamientos sobre la coherencia de la política exterior estadounidense, especialmente cuando continúa justificando acciones militares contra Irán bajo argumentos similares.
El verdadero impacto del acuerdo dependerá de los mecanismos de verificación que finalmente sean aprobados y del grado de transparencia con que Arabia Saudita ejecute su programa nuclear civil.
Opinión desde Londres
Dr. Matthew Harrington
Analista de Seguridad Internacional (Londres)
“Desde una perspectiva estratégica, el acuerdo refleja una transición del enfoque tradicional de no proliferación hacia una política basada en alianzas geopolíticas. Washington parece considerar que el riesgo derivado del enriquecimiento de uranio en Arabia Saudita es manejable porque Riad permanece dentro de la órbita occidental. Sin embargo, esa excepción podría debilitar el régimen internacional de no proliferación y ofrecer argumentos a otros Estados para exigir el mismo trato.”
Opinión desde Francia
Dr. Pierre Lemaire
Especialista en Energía Nuclear y Relaciones Internacionales (París)
*”Europa observa este acuerdo con prudencia. La energía nuclear civil es perfectamente compatible con el Tratado de No Proliferación, siempre que existan controles extremadamente rigurosos. Si las salvaguardias internacionales se reducen, el precedente podría aumentar la desconfianza regional y acelerar una competencia tecnológica entre las principales potencias de Medio Oriente. La transparencia será el factor decisivo para preservar la estabilidad.”
Fuente AP Y EFE