Por Mauricio Corpeño / Imágenes del Archivo Familiar de Roque Dalton
La idea central de Poemas clandestinos del salvadoreño Roque Dalton es la fusión inseparable entre la creación artística y el compromiso sociopolítico. El poemario busca despertar la conciencia de las masas, denunciar la opresión y reivindicar la lucha revolucionaria como el único camino hacia una sociedad verdaderamente justa. El autor Dalton, plasma esta idea a través de las siguientes características clave:
Poesía como arma: Entiende la literatura no como un lujo burgués aislado, sino como una herramienta útil y necesaria para la transformación social. También efectúa el empleo de Tono conversacional y accesible: Utiliza un lenguaje directo, cotidiano y crítico para desmitificar la poesía solemne, logrando que el mensaje llegue directamente a la clase trabajadora. De igual manera implementa el uso de Heterónimos y diversidad de voces: Para protegerse en la clandestinidad y abarcar distintas perspectivas de la lucha, adopta múltiples personalidades ficticias que enriquecen el discurso ideológico.
Posteriormente, inserta el humor y la ironía: Emplea el sarcasmo para fustigar a los opresores y desarmar el discurso oficial, manteniendo el optimismo revolucionario a pesar de la crueldad del sistema.
Por su parte, en su ensayo Rivera Larios, plantea:
“La tesis que vengo sosteniendo a lo largo de varios artículos es que el autor de Poemas Clandestinos, en general, ha sido mal leído por los poetas salvadoreños de la posguerra”. “Se acusó a los literatos de los 80 de haber hecho una lectura ética de Roque descuidando el aspecto formal de su obra. En los 90, de acuerdo con la consigna del retorno a la literatura, se comenzaron a exigir evaluaciones estilísticas del poeta”.
Ahora bien, respecto a lo expresado es oportuno el siguiente Comentario:
La lectura ética de la obra del poeta salvadoreño Roque Dalton se fundamenta en su compromiso revolucionario y su poética del testimonio.
Por ende, a través de una literatura que prioriza la historia, la lucha de los oprimidos y los conflictos sociopolíticos, Dalton postuló una ética de la liberación donde la verdad y la rebeldía se asumieron como la única postura moral frente a la opresión.
Posicionado lo anterior, es importante señalar los Ejes de la Lectura Ética de Dalton:
Para el intelectual Dalton, la literatura no es una simple expresión estética aislada de la realidad, sino un reflejo directo de las injusticias sociales. Denunciar el sistema capitalista y la herencia colonial es un imperativo ético. Además, en relación con la reivindicación de los oprimidos, la obra utiliza la historia, especialmente la indígena y la de las clases populares latinoamericanas, para darles voz y rescatar su dignidad frente a las narrativas oficiales de los grupos dominantes. Luego, respecto a la verdad como rebeldía, en sus escritos, profesa la verdad exige una confrontación constantemente con la mentira institucionalizada. En contextos de autoritarismo y represión (como los que vivió en El Salvador), el acto de escribir se convirtió en un arma de combate contra el poder. Sucediendo que el sujeto social despalabrado, realiza criticas cómo el sistema histórico y económico despoja al sujeto popular salvadoreño (el “despalabrado”) de su derecho a escribir su propia historia, pero al mismo tiempo rescata su innata rebeldía y resistencia.
Seguidamente, Rivera Larios, señala que:
“El retorno a la literatura” en los años noventa marcó un cambio de paradigma crucial en la escritura”. Ésto implicó un alejamiento de la abstracción y el posmodernismo extremo (que primaba en las décadas anteriores) para volver a centrarse en el relato, las tramas urbanas, el realismo visceral y la inmediatez de la cotidianidad. Durante esta década, la literatura experimentó varios fenómenos clave y se vio marcada por el contexto histórico y cultural: Crisis de las grandes narrativas: Tras la caída del Muro de Berlín y el fin de las perspectivas revolucionarias, muchos autores dejaron atrás la utopía y el tono político solemne de los años 60 y 70 para enfocarse en el individuo, el desencanto y la vida urbana. Surgiendo así, la Nueva Narrativa de Autores de diversas regiones, desde América Latina hasta España, quienes reaccionaron contra el cosmopolitismo excesivo y la “desterritorialización”; produciéndose una vuelta a lo local, explorando la identidad nacional, la marginalidad y el periodismo narrativo (o crónica de viajes). Es así, como en éste contexto emergen nuevas voces femeninas: Los noventa fueron un escenario fundamental para una nueva escritura de las mujeres, que subvirtió las voces autoritarias masculinas previas y estableció nuevas redes de empatía y solidaridad. A continuación, la transición hacia la era digital, representó una época mediatizada y plenamente consciente de sí misma que se adelantó a la irrupción de internet, registrando la ansiedad y el bullicio previos al estallido digital, y con ello emergieron autores destacados, a nivel global y regional, figuras como Roberto Bolaño (con su retorno a una visión de la literatura mundial), y Alberto Fuguet (promotor de la “Nueva Narrativa Chilena”).
Continuamente, en su breve ensayo Rivera Larios, sentencia lo siguiente:
“Lamentablemente, la idea de “forma” que esgrimieron nuestros escritores en su defensa de la literatura era bastante estrecha y pobre. En general, la mayoría de los críticos que le reprocharon a los “Poemas Clandestinos” su “escaza elaboración estética”, lo hacían sin plantearse el significado que tiene este criterio para la lírica y la crítica literaria modernas. A los dadaístas, por ejemplo, no creo que les quitase el sueño la escaza elaboración estética. A los primeros surrealistas, a los partidarios de la escritura automática, tampoco creo que el cuidado formal les produjese insomnio. Ya los románticos habían proyectado una sombra de sospecha sobre aquel arte que a fuerza de buscar la perfección se volvía artificial y ajeno a la sensibilidad del hombre. Con estas observaciones no pretendo justificar el desprecio de la forma, solo advertir que en el arte moderno la excelencia estética como criterio de valor es objeto de controversia. Dijo Rimbaud: “Una noche, senté a la Belleza en mis rodillas, y la encontré amarga. Y la insulté”. Si el artista moderno lleva insultando a la Belleza desde los tiempos del último Goya, habría que preguntarse cuál es el sentido que tiene “la elaboración estética” como criterio de valor.”
Respecto a lo anotado explicativamente, es afin decir que, la forma es el continente, es decir, el cómo se cuenta una historia o se expresa un mensaje. Incluye la estructura narrativa, el uso del lenguaje, el ritmo, el tono y el género literario elegido, moldeando directamente la experiencia y comprensión del lector.
Para comprenderla a fondo, se suele dividir la obra en dos dimensiones inseparables: la forma y el fondo.
La Forma (El continente) es la arquitectura externa e interna del texto, manifestada así: El Género trata de narrativa (cuento o novela), lírica (poesía), drama (teatro) o ensayo. Por su parte la Estructura y ritmo conllevan la organización de los capítulos, el uso de analepsis (flashbacks), la progresión de la trama o la métrica y rima en los poemas. Luego el Estilo y lenguaje se orientan a la elección de palabras (vocabulario), la longitud de las oraciones y el uso de figuras retóricas como metáforas o símiles. En cuanto al uso de la Perspectiva, El uso del punto de vista (narrador en primera persona, omnisciente, etc.). Complementariamente, tenemos que el Fondo (El contenido) es la esencia, el mensaje o “la idea” que el autor quiere transmitir, inclusión del tema central y argumento, es decir, el mensaje o enseñanza específica sobre ese tema, así como también, quiénes protagonizan la historia y dónde se desarrolla, luego son delineados los sentimientos que la obra despierta en el lector. Por otra parte, es relevante señalar que el término escasa elaboración estética (a menudo escrito con un error ortográfico como “escaza”) se utiliza en la crítica de la literatura para describir obras que carecen de complejidad técnica, pulido formal o profundidad en su composición, y se manifiesta en la literatura al referirse a textos que priorizan la comunicación directa, la cotidianidad o el mensaje sociopolítico por encima del cuidado de la métrica, la metáfora o el estilo. Ejemplos históricos incluyen la “poesía de la experiencia” o los manifiestos dadaístas, donde el impacto deliberado desplaza a la belleza formal.
Otra limitación de las críticas noventeras y actuales de los “Poemas Clandestinos” subyace en el contenido que le han dado a este vago criterio del cual hablamos. Quienes manejan esta “medida” nunca la definen, así que debemos suponer que asocian la “elaboración estética” con aquello que los retóricos, en su clasificación de los estilos, etiquetaron como “estilo elevado”. Por tanto, surge nuevamente otro comentario necesario:
Las críticas literarias de los años 90 se caracterizaron por una gran irreverencia, ruptura de cánones y experimentación. En contraste con la rigidez académica, destacaron por incorporar un fuerte sentido del humor, desfachatez y un enfoque más creativo e incluso lúdico al reseñar libros. Para desglosar cómo se entendía y debatía la literatura en esa década, destacan los siguientes ejes principales, los cuales son a saber: Transgresión y sátira, dónde la crítica buscaba alejarse de la solemnidad, caracterizandose por el uso de la ironía, los exabruptos y un tono provocador que invitaba al debate, buscando conectar la literatura directamente con la vida. En consecuencia, durante la década también surgieron fuertes críticas hacia la labor de los críticos de la época, proliferando muchos suplementos culturales y periódicos, los cuales comenzaron a ser señalados por perder el rigor, priorizando los intereses comerciales o cuestiones extraliterarias por encima del valor estético de las obras. Cabe agregar que en los noventa, la crítica giró en torno al impacto de la posmodernidad, debatiendo la fragmentación de las narrativas, el colisionar de las “grandes metanarrativas” y el auge de autores que rompían deliberadamente la estructura tradicional de la novela. Ahora bien, es determinante especificar que la elaboración estética en la literatura es el proceso mediante el cual un autor utiliza el lenguaje de forma artística para crear belleza, despertar emociones y generar una experiencia sensorial en el lector, permitiendo trascender la simple transmisión de información, transformando las palabras en una experiencia estética, estructurando a nivel Fónico y Rítmico el uso de la musicalidad, la rima, la métrica y la aliteración (repetición de sonidos) para crear un ritmo agradable o sugerente en los textos, para ello implementa recursos literarios (Figuras Retóricas), es decir, herramientas como la metáfora, la sinestesia, el símil y la alegoría, las cuales sirven para embellecer el lenguaje y transmitir ideas complejas a través de imágenes sensoriales y simbólicas, llevando la organización de la obra y la voz narrativa, a una forma en que se maneja el tiempo, el espacio y la perspectiva como influencia directa en el impacto emocional que recibe el lector , auxiliado por elementos abstractos o visuales que profundizan el significado de la obra, permitiendo múltiples capas de interpretación y enriquecimiento del mensaje, por ende, la obra se completa al ser leída, y encontrar en ella el “efecto estético”, lo cual también dependerá de cómo el receptor interactúe con el texto.
A posteriori, Rivera Larios, acota lo siguiente:
“La mayoría de nuestros poetas desconoce la taxonomía retórica de los estilos y su problemática por lo que imagino que vinculan “el estilo elevado” con la abundancia de figuras retóricas, la complejidad lingüística y el cuidado formal extremo. Para muchos este sería el estilo ideal al que debería ceñirse cualquier expresión poética, por lo que cualquier poema de naturaleza inteligible, escasas figuras y lenguaje llano vendría a representar un ejemplo de escasa elaboración formal”.
Consecuencialmente, la retórica es el arte y la disciplina de utilizar el lenguaje (oral o escrito) de manera efectiva para convencer, conmover o persuadir a una audiencia. Por su parte la taxonomía retórica es la clasificación y organización sistemática de los recursos, figuras y estrategias del lenguaje que se utilizan en un discurso para persuadir, conmover o convencer a una audiencia. Cabe decir que, el eje de la lingüística y literatura, permite agrupar las figuras retóricas y estructuras argumentativas según su función específica; se estructura principalmente en dos dimensiones del discurso: Figuras de dicción, las cuales modifican la forma, el sonido o el orden de las palabras (por ejemplo el hipérbaton). También las Figuras de pensamiento, inciden en alterar el significado conceptual o la idea transmitida (ejemplo la metáfora, ironía, o hipérbole). En cuanto al estilo elevado tenemos que es una forma de expresión artística y formal orientada a la belleza, la grandiosidad y el refinamiento lingüístico, además prioriza la estética y la riqueza retórica por encima de la simplicidad cotidiana, destacando en géneros como la poesía épica, la tragedia y la alta literatura. Así pues, las obras escritas con este tono se distinguen por tres pilares fundamentales, como el Léxico excelso, es decir, la Selección de palabras cultas, precisas y evocadoras, evitando expresiones coloquiales o vulgares. Luego tenemos la herramienta literaria de la Sintaxis compleja, la cual consiste, en construcciones gramaticales ricas y fluidas (oraciones subordinadas, hipérbaton) que imprimen ritmo y musicalidad a la lectura. Profundidad retórica: Uso intensivo de figuras literarias como la metáfora, la sinestesia y la alegoría para transmitir temas universales.En la tradición hispánica, autores como Fray Luis de León o Luis de Góngora son considerados paradigmas de esta prosa y poesía refinada.
Continuamente, en su breve ensayo Rivera Larios, señala lo siguiente:
“Yo les recordaría a estos poetas a los que únicamente satisface lo sublime aquellas palabras donde Cicerón establece que lo llano en el discurso también exige esfuerzo y es difícil.”
Pues bien, es imperativo hacer el siguiente Comentario:
En literatura, la sencillez estilística es la búsqueda de la claridad y la naturalidad, evitando la afectación o el lenguaje rebuscado; pues lejos de significar pobreza de vocabulario, representa un recurso refinado que utiliza las palabras exactas y una estructura clara para conectar de forma profunda y directa con el lector. Siendo por ello, el uso del Vocabulario accesible, la necesidad de priorizar términos de comprensión rápida sin perder la precisión ni la belleza poética. Además, es necesario combinar lo anterior con la Sintaxis limpia, que prescinda del hipérbaton forzado, los incisos interminables y las construcciones alambicadas. Así también, debe tenerse presente la Transparencia, o sea, la forma (el lenguaje) subordinado al fondo (la historia o el mensaje), logrando que la lectura fluya sin obstáculos; con la finalidad de que el Efectismo emocional, permita eliminar el exceso de adornos (barroquismo), con el objetivo de que los elementos clave de la obra adquieran mayor fuerza y resonancia. Es así como muchos de los autores más celebrados en la literatura universal han dominado este arte, demostrando que menos es más, por ejemplo, Ernest Hemingway, conocido por su Teoría del iceberg, quien escribía con una prosa directa, escueta y periodística, dejando que lo no dicho tuviera el mayor peso emocional. De igual manera Juan Rulfo; quien en su obra Pedro Páramo, utilizó frases cortas y un ritmo casi poético pero sumamente contenido para narrar atmósferas complejas, asimismo, con fines ejemplificantes, se tiene a Albert Camus, quien en su narrativa en El extranjero destaca oraciones neutrales y directas, logrando un impacto existencialista profundo.
Ulteriormente, Rivera Larios, postula que: “Si en las artes del buen discurso, lo sencillo también exige talento y trabajo creativo, es discutible el empleo de la sencillez estilística como un argumento para cuestionar, sin más, los Poemas Clandestinos. Ver la sencillez textual como una caída de la calidad literaria representa un juicio de valor objetable si consideramos que algunos poemas sencillos pueden ser un ejemplo de lograda “elaboración estética”. Y asociar esa presunta caída de la calidad formal como un simple efecto de la política en la estética sería también una interpretación harto discutible porque la politización de una obra de arte no devalúa necesariamente su calidad. No podemos asegurar la validez universal del juicio de que “cuanto mayor sea la politización o ideologización de un poema menor será su grado de elaboración estética”. Entendiendo que la susodicha elaboración estética no es sinónimo de densidad en el uso del ornato retórico”.
Complementariamente, emerge el siguiente comentario:
“Cuanto mayor sea la politización o ideologización de un poema menor será su grado de elaboración estética”, siendo así que la politización daltoniana elevó la vida cotidiana y la lucha de clases a la categoría de arte mayor, consolidándolo como una de las figuras intelectuales más importantes de Centroamérica.
La politización de la obra de Roque Dalton no fue una imposición mecánica de su militancia, sino el eje central de su poética. Fusionó el marxismo y el nacionalismo latinoamericano para construir una “cultura para la insurgencia”, desdibujando la frontera entre el activismo revolucionario y la creación literaria.Su discurso literario se estructuró a partir de la politización a través de los siguientes elementos clave:Testimonio y memoria histórica: Obras como Miguel Mármol utilizan el testimonio oral para analizar la subjetividad de la clase trabajadora y reconfigurar la memoria histórica de El Salvador, documentando las luchas sociales desde la voz de los protagonistas.Lenguaje coloquial y accesible: como teórico, Dalton identificó la necesidad de una “poesía para el pueblo” que utilizara el lenguaje cotidiano. En libros como Historias prohibidas del Pulgarcito, utiliza recortes de periódicos y documentos oficiales, politizando los medios de comunicación y democratizando el acceso a la poesía.Ruptura estética y desmitificación: En su etapa madura, poemarios como Taberna y otros lugares (Premio Casa de las Américas 1969) radicalizan las vanguardias literarias, integrando la ironía y el humor como herramientas políticas para criticar tanto a la oligarquía como a los dogmas burocráticos de la izquierda tradicional.
Poesía clandestina: Hacia el final de su vida, sus textos se convirtieron en un arma de agitación directa, buscando movilizar conciencias y reflejar su compromiso radical con la transformación estructural de la sociedad.
Con posterioridad, Rivera Larios, señala que:
“En esa pureza abstracta en la cual se colocan ciertos poetas y críticos actuales para quienes el estilo es una dimensión formal independiente de los temas, circunstancias y propósitos comunicativos; en esa plataforma valorativa que prohíbe que los textos se contaminen de finalidades extraliterarias; en ese punto en el cual se niega, por principio, cualquier tráfico entre la lírica y la política y en el que por lo tanto se olvida que una vez existió como género la poesía didáctica y política; en ese ambiente en el cual domina, preñada de solemnidades, la sacra e impoluta religión de la literatura, resulta difícil comprender a un poeta que violenta esas demarcaciones y prohibiciones, a un poeta para el cual el estilo dialoga con las circunstancias, a un poeta en cuya filosofía lo que es del poema y lo que se debe a la realidad tienen unas fronteras bastante incomodas. Habría que preguntarse por qué la complejidad del significante literario daltoniano ha sido invisible para los presuntos amantes de la forma en la posguerra. La hipótesis que manejo es que sus criterios formales han sido tan estrechos, tan limitados, que no han sido capaces de ver esa complejidad literaria que asoma en la superficie de la obra del autor de “Taberna y otros lugares”. Esta ceguera crítica en la mirada de los poetas les ha impedido capitalizar la ebullición creativa de un literato incómodo. Cuando los escritores salvadoreños aluden a la importancia o influencia de Roque se refieren a su ejemplo ético, porque lo que es su propuesta estética nunca han acabado de comprenderla y les resulta incómoda.”
Pues bien, plateado lo anterior, respecto a la obra de Roque Dalton, tenemos que:
la literatura y poética, los estilos alto (o sublime), medio y llano (o simple) no son exclusivos de Roque Dalton, sino una clasificación clásica de la Retórica grecolatina (Cicerón) que Dalton empleó con flexibilidad según el propósito de sus textos. En la obra de Roque Dalton, estos estilos se entienden así:Estilo llano (simple / genus humile): Su objetivo es enseñar y ser claro. Dalton utilizó un tono despojado de adornos y cercano al habla cotidiana para hacer su poesía accesible a las masas y a la clase trabajadora.Estilo medio (genus medium): Su fin es deleitar. Aquí el poeta emplea un lenguaje más elaborado con el uso de mayor ornato retórico, equilibrando la estética y la belleza lírica sin llegar a la completa sencillez del estilo llano.Estilo alto (elevado / genus sublime): Busca conmover y persuadir. Dalton recurría a él para abordar temas épicos, mitos revolucionarios, historia o emociones profundas, elevando el tono de su voz poética.
Seguidamente, Rivera Larios, en su relación circunstanciada de la obra daltoniana, dice:
“A este creador que huía de las demarcaciones simples lo hemos leído desde una visión simplista del contenido y la forma de sus textos. Esa forma la hemos juzgado desde sus grados de cercanía con el estilo elevado y ese contenido lo hemos buscado en la manifestaciones obvias de la ideología en sus textos. Nosotros que tanto hemos elogiado la ironía del poeta no hemos captado que en su madurez se mostró irónico respecto a las expresiones obvias y solemnes del estilo elevado. Dalton también sentó a la Belleza en sus rodillas, y la encontró amarga y la insultó. Esto no significa que despreciase por principio los vuelos altos de la lírica, solo significa que para él la poesía, en su ámbito, era capaz de admitir registros estilísticos diferentes (llamémosles Alto, Medio y Llano) que podían dosificarse o administrarse de acuerdo con el tema, la circunstancia y el propósito comunicativo. En lo que a su voz se refiere, Dalton emigró del romanticismo y llegó a una tesis semejante a la del Eliot que consideraba que el poeta podía utilizar las máscaras de otras voces”.
Sub judice, se esculpe el siguiente comentario:
“Nosotros que tanto hemos elogiado la ironía del poeta no hemos captado que en su madurez se mostró irónico respecto a las expresiones obvias y solemnes del estilo elevado”. Pues bien, se ha dicho con claridad, por el experto literario de Rivera Larios, después de décadas sobre la categoría de la
invisibilidad del significante literario de Roque Dalton, el cual se debe a que la crítica tradicional de la posguerra había priorizado una lectura ideológica o testimonial por encima de su complejidad formal. Estos sectores habían reducido su obra a simple panfleto político o a crónica sociológica, ignorando la profunda arquitectura vanguardista, el humor, el collage y la polifonía de sus textos. Así pues, históricamente, el análisis de la obra daltoniana se ha estancado debido a factores y ejes literarios a saber: Reducción ideológica:, su militancia revolucionaria condicionó al lector, y se le etiquetó como figura histórica (el “mártir” o “revolucionario”) antes que como hacedor de lenguaje. Luego la lupa literaria de la falsa dicotomía entre contenido y forma, es decir, los llamados “amantes de la forma” de la posguerra exigían una pureza estética apolítica, sucediendo que al ver los textos comprometidos con la realidad centroamericana, la academia conservadora los descartó por considerarlos “propaganda”. Continuamente, las categorías de vanguardia subversiva, analizan a Dalton (especialmente en obras como Taberna y otros lugares) empleando técnicas fragmentarias y heterónimos que desestabilizan al sujeto poético, aconteciendo que esta ruptura formal fue a menudo pasada por alto por la crítica dogmática.
Al continuar el recorrido en el ensayo de Rivera Larios, encontramos:
“Resulta paradójico que quienes tanto le han reprochado a Roque sus descuidos formales no hayan comprendido la naturaleza vanguardista de su propuesta formal. Hay un Dalton que transgrede géneros y es ese que combina la prosa con la lírica, ese que hace bailar en el campo literario textos de procedencia histórica, ese que mete el teatro en la poesía como en el monologo lirico-teatral de “La segura mano de dios”. Todas estas transgresiones genéricas y estilísticas suelen incomodar a quienes buscan al poeta-poeta y el poema-poema. Textos híbridos como las “Historias prohibidas del Pulgarcito” disgustan por igual al historiador cientificista y al lector que no desea que lo expulsen de sus etiquetas interpretativas. Resulta curioso que quienes admiten la libertad del collage en otros ámbitos del arte, no acaben de aceptar su retórica en una literatura como la de Roque. Eso no es poesía, dicen algunos, como si estuviese claro cuáles son los límites de la poesía y como si cualesquiera que fueran estos deberían imponerse como fronteras insalvables a la libertad del creador”.
El Comentario de consternación que guardando con sencillez, hace concluir como en el efecto de un rayo, la obra daltoniana, aún no se ha logrado comprender, por lo cual “Resulta paradójico que quienes tanto le han reprochado a Roque sus descuidos formales no hayan comprendido la naturaleza vanguardista de su propuesta formal”. “Hay un Dalton que transgrede géneros y es ese que combina la prosa con la lírica, ese que hace bailar en el campo literario textos de procedencia histórica, ese que mete el teatro en la poesía como en el monologo lirico-teatral de “La segura mano de dios”.
En el mismo orden de ideas, Rivera Larios, agrega:
“Resulta paradójico que quienes tanto señalan la importancia de la forma no hayan captado que Dalton es uno de los poetas que más han experimentado con la forma literaria en nuestro país. Todos los experimentos suponen un riesgo y con frecuencia suelen ser fallidos. Ahí está ese poema –Los hongos– que intenta llevar un debate del pensamiento a la poesía y la poesía al debate del pensamiento y que lo hace con un procedimiento formal de naturaleza vanguardista. Pero ¿cuál es la reacción de nuestros convencionales poetas ante un texto como Los hongos? Se llevan las manos a la cabeza y exclaman ¡Oh no, poesía de ideas¡ Roque Dalton, amigos y amigas, no se merece tanta superficialidad. Y superficiales hemos sido al investigar la relación de su pensamiento con la lírica. Dalton encarna una figura que no ha vuelto a darse después de su muerte: la figura del poeta–intelectual. No podemos divorciar los problemas de su filosofía del lenguaje poético, los problemas mismos de su creación literaria, de la que fue su filosofía general. A partir del marxismo y del nacionalismo popular latinoamericano, Dalton esbozó una imagen de nuestra historia y nuestra cultura y en dicha imagen encabalgó su proyecto literario de la segunda mitad de los años 60. Hizo suya la tarea de construir una “cultura” para la insurgencia. Y es aquí en este punto, y no en la mera subsunción mecánica de la poesía a la política, donde su lenguaje literario se politizó impregnándose de una orientación retórica”.
En formula química, y efervescente se esgrime el siguiente comentario:
“Roque Dalton, amigos y amigas, no se merece tanta superficialidad”, se necesita seriedad de análisis, tiempo, y el aporte de eruditos literarios, ésto en virtud de que en la retórica se busca que la palabra afecte los valores y las actitudes del receptor de un discurso, por lo cual ese objetivo no es posible alcanzarlo si el discurso carece de inteligibilidad; pues recordemos que Dalton se hizo con un lenguaje literario (el de la lírica moderna) antes de hacerse con un lenguaje político, coligiendose de ello, que la tradición hermética y subjetiva de su formación literaria (ecos del romanticismo mediados por el surrealismo, etcétera) tuvo que resultarle problemática en la medida en que cobró conciencia de ser un escritor latinoamericano en los escenarios políticos y simbólicos de un proceso revolucionario. Así que tuvo que buscar un acuerdo precario entre su libertad creativa y el imperativo comunicativo que la revolución le imponía al escritor comprometido. Por ende, eso lo sacó de sí mismo pero no lo condujo a una literatura chata y realista, eso lo llevó a la representación de otras voces junto a la suya, a la utilización de diversos registros de estilo, al empleo del collage para representar la heterogeneidad textual y factual.
Finalmente, Rivera Larios, en su ensayo señala:
“El poeta que cree que con la poesía de hoy es posible decirlo “todo” admite que ya no hay materiales selectos y exclusivos para decir en un poema. Esa democratización de los temas y los lenguajes le impuso a Roque desafíos creativos que no suelen asumir los poetas convencionales, aquellos que solo se sienten cómodos en el poema-poema, alejados de la prosa y de discursos ajenos a lo sublime, aquellos que prefieren apartarse de temas y de fines que no les parecen apropiados para tratar con los versos. Esa apertura desmesurada del poeta Dalton lo llevó a Taberna, a Los Hongos, a Historias prohibidas del pulgarcito, a un Libro rojo para Lenin e incluso a los Poemas Clandestinos. Si la poesía es capaz de decirlo todo puede intentar asumir los materiales y los fines del panfleto. Este ejercicio de libertad solo es posible ahí donde se diluyen las fronteras de los discursos en los propósitos políticos y creadores. Teniendo en cuenta el antecedente de “La segura mano de dios” en la que el poeta asumía o fingía la voz de “otro”, cabría preguntarse si los registros estilísticos de Poemas Clandestinos son los de cuatro figuras en un escenario virtual y no la manifestación inmediata de la voz de Dalton. Ya he razonado que la parquedad de su lenguaje, sus escasos lujos, solo suponen la adopción de un estilo (el llano) que era el más adecuado para una lírica de tipo panfletario inscrita en el género de la poesía política. La adecuación del lenguaje a la circunstancia, al tema, al género y al tipo de receptor que los poemas buscaban son operaciones retóricas y no necesariamente caídas o desvanecimientos de una excelencia literaria oficial que, dicho sea de paso, el poeta cuestionaba. Uno puede juzgar bien o mal todos esos caminos creativos que Dalton exploró dándole la espalda a una poesía confinada en lo sublime, encerrada en el campo de su lenguaje y en el campo de su género y condenada a ser la expresión subjetiva de la voz de su dueño. Los poetas que sientan a la Belleza en sus rodillas y la insultan se arriesgan en obras que evitan los cómodos amantes de lo sublime convencional. El dialogismo de Roque, su manejo de varios estilos, su transgresión de los géneros, su intento de forzar los límites que se reservan a la lírica son dimensiones formales de su obra que apenas han influido en la lírica salvadoreña de la guerra y la posguerra. Ese aspecto de su palabra nos espera en el futuro. Quizás”.
El comentario necesario para concluir el analisis de un buen ensayo, de los pocos y objetivos, y que tienen un cien por ciento de acierto en la obra de Roque Dalton, es a saber:
“El dialogismo de Roque, su manejo de varios estilos, su transgresión de los géneros, su intento de forzar los límites que se reservan a la lírica son dimensiones formales de su obra que apenas han influido en la lírica salvadoreña de la guerra y la posguerra. Ese aspecto de su palabra nos espera en el futuro”, es decir, cuando con sinceridad sea entendida la obra de Roque Dalton, y se constituya en un manual literario en un ejercicio de teoría y práctica, exorcisada del tabú comunista, y sea el pan de todos, estaremos llegando a la antesala del ambiente literario completo, desoyando los términos literarios medios que hagan fluir las categorías completas en el saber literario.