Y yo entiendo, repito, acepto: no estás conmigo, ni contigo, y lo que queda de nosotros
I
Allá, en la frontera donde tu sombra se disuelve en la bruma,
te veo caminar sin cuerpo, como un eco que se arrastra entre los huesos del amanecer.
Siento la lengua áspera, como si hubiera lamido una tumba,
y mi boca se quiebra en silencio,
por nombrarte sin poder rozarte.
II
Mis ojos se secan como vitrinas abandonadas,
reflejando fantasmas que no te imitan del todo.
Te miro cruzar el aire, casi como si fueras humo, como si hubieras muerto sin avisarme, y solo quedara tu sombra buscando a alguien que ya no soy.
III
El pelo se me endurece como pasto quemado,
como si el viento hubiera decidido despedazarme.
Tu ausencia cae sobre mí con peso de cementerio,con ese olor tibio de sepultura fresca que sabe todavía a piel, pero ya no recuerda su propósito.
IV
Allá… tan lejos que ya no eres cuerpo sino distancia,
caes por el cielo como un pájaro agotado que renuncia a su propia sangre.
Y yo entiendo, repito, acepto:
no estás conmigo, ni contigo,
y lo que queda de nosotros
es solo un beso que nunca llegará a abrirse.