¿A qué horas cierran el Meson?

Por Susana Barrrera

Con curiosidad genuina, uno de mis estudiantes dijo no saber qué era un mesón. En la clase describimos esta forma de alojamiento: cuartos alquilados donde viven distintas familias que comparten patios, baños y lavaderos. Y además son alternativas más baratas y accesibles en las urbes.

En la conversación surgieron el hacinamiento, la poca privacidad y, a veces, los servicios deficientes, como parte de la estructura. Y también, sugirieron preocupaciones tan sarcásticas en ese entorno, como aquella de ” a qué horas cierran el mesón”.

También reconocimos que estos lugares pueden ser espacios de convivencia y solidaridad entre vecinos donde se comparten las esperanzas y desesperanzas, especialmente cuando existen reglas claras y respeto mutuo.

Lo más interesante fue recordar que, aunque algunos los imaginen como una forma de vivienda del pasado, los mesones todavía existen en El Salvador y en cualquier parte de América Latina, es una realidad invisibilizada.

La conversación nos llevó al estudio de la Fundación Salvadoreña de Desarrollo y Vivienda Mínima (FUNDASAL) titulado “Habitando el olvido”, publicado en 2025, sobre las condiciones de vida en mesones de Santa Ana, Sonsonate, San Salvador y San Miguel. Sus resultados muestran una realidad que merece mayor atención.

Entre los principales hallazgos está el deterioro de las viviendas: techos con filtraciones, paredes agrietadas y falta de mantenimiento que comprometen la habitabilidad y afectan la salud de las familias. Conviene aclarar al lector, que este estudio amplio está libre en internet.

Uno de los investigadores principales es el Dr Andrew Cummings, docente y antropólogo enfocado en la innovación y el desarrollo territorial.

La pobreza también ocupa un lugar central. Según los resultados divulgados, el 24 % de los hogares estudiados se encontraba en pobreza extrema; en San Salvador, la proporción alcanzaba el 36 %. Estos porcentajes corresponden a la población investigada, no al conjunto de habitantes de las ciudades.

Además, FUNDASAL identifica condiciones inadecuadas de saneamiento, amenazas de desalojo y ausencia de políticas públicas específicas para mejorar la vida en estos espacios. Tener un cuarto donde dormir no significa, necesariamente, contar con una vivienda adecuada y segura.

Aquella pregunta del estudiante nos abrió una conversación necesaria. Los mesones siguen formando parte de nuestras ciudades y, detrás de cada puerta, hay personas cuya necesidad de vivienda merece ser escuchada, máxime en un país donde adquirir este bien para una familia promedio es una tarea titánica o imposible.