A dos años del secuestro perpetrado por Hamás en Israel

Por Alonso Rosales

Este lunes se cumplen dos años del ataque y secuestro masivo perpetrado por Hamás en territorio israelí, un hecho que marcó el inicio de una nueva fase en el prolongado conflicto entre Israel y Palestina. Desde entonces, 43 rehenes continúan en poder del grupo islamista, mientras que las familias de las víctimas, cansadas de promesas y frustradas por la falta de resultados, han redoblado sus críticas contra el primer ministro Benjamin Netanyahu, a quien acusan de haber gestionado con ineficacia la liberación de sus seres queridos.

Las manifestaciones frente a la residencia del primer ministro y en distintos puntos de Tel Aviv reflejan el descontento creciente hacia su gobierno. Para muchos israelíes, Netanyahu ha puesto sus intereses políticos por encima de la urgencia humanitaria, priorizando su estabilidad interna y su coalición de ultraderecha antes que los esfuerzos diplomáticos necesarios para recuperar a los rehenes.

Paralelamente, en El Cairo, Egipto, se reanudan las negociaciones indirectas entre Israel y Hamás con la mediación de Egipto, Qatar y Estados Unidos. Sin embargo, expertos advierten que estas conversaciones podrían verse amenazadas si se produce una acción encubierta del Mossad contra líderes del movimiento islamista, como ha ocurrido en el pasado, por ejemplo, en los Emiratos Árabes Unidos. Cualquier intento de sabotaje pondría fin inmediato a los canales de diálogo y alejaría la posibilidad de alcanzar un alto el fuego duradero.

En el fondo del problema yace una verdad incómoda pero necesaria: la paz no será posible sin el reconocimiento mutuo. Israel debe aceptar la existencia de un Estado palestino libre, soberano e independiente, que pueda coexistir en paz y seguridad. Solo mediante el respeto al derecho internacional y al principio de autodeterminación podrá construirse un futuro sin violencia para ambos pueblos.

Asimismo, las políticas de bloqueo y las operaciones militares que castigan a la población civil palestina deben cesar. El uso del hambre, el desplazamiento forzado y la destrucción sistemática de infraestructura básica son incompatibles con los derechos humanos y con la imagen de una nación que se proclama democrática.

La conmemoración de este segundo aniversario no solo debe servir para recordar el dolor de los secuestrados y sus familias, sino también para repensar el rumbo de una guerra que ya ha dejado demasiadas víctimas. Reconocer al otro, respetar su derecho a existir y dejar atrás la violencia es el único camino real hacia una paz duradera en Medio Oriente.