A 25 años del 11-S, las secuelas de salud siguen cobrando vidas entre bomberos y policías

Por Alonso Rosales 

Veinticinco años después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, las consecuencias humanas de aquella jornada no terminan de medirse. A la muerte inmediata de casi 3,000 personas se suma ahora una crisis sanitaria de largo plazo que ha afectado especialmente a quienes participaron en las labores de rescate, atención y recuperación en el World Trade Center.

Uno de los datos más recientes corresponde al Departamento de Bomberos de Nueva York (FDNY). Un informe divulgado este mes, basado en 25 años de seguimiento médico, señala que más de 600 integrantes del departamento han muerto por enfermedades relacionadas con su trabajo en el sitio del World Trade Center. La cifra supera ampliamente los 343 bomberos que murieron durante los propios atentados.

La diferencia entre ambas cifras permite dimensionar una realidad que durante años permaneció en segundo plano: para muchos socorristas, el 11 de septiembre no terminó cuando se extinguieron los incendios ni cuando fueron retirados los escombros.

El polvo tóxico y sus consecuencias

Tras el derrumbe de las Torres Gemelas, miles de bomberos, paramédicos, policías y trabajadores permanecieron durante meses en la zona. La exposición incluyó polvo, humo y partículas procedentes de materiales de construcción y otros contaminantes.

Los registros del FDNY muestran que 10,562 miembros del departamento tienen certificada al menos una enfermedad física relacionada con la exposición al World Trade Center. Además, 4,496 cuentan con una condición de salud mental certificada y 4,257 tienen certificación por algún tipo de cáncer. Entre los cánceres más frecuentes aparecen el de piel no melanoma y el de próstata.

La investigación médica también ha identificado enfermedades respiratorias, problemas gastrointestinales y trastornos de salud mental. El seguimiento ha permitido detectar enfermedades que pueden aparecer muchos años después de una exposición prolongada.

Los policías también cargan con las consecuencias

Los bomberos no fueron los únicos expuestos. Agentes del Departamento de Policía de Nueva York (NYPD), policías de la Autoridad Portuaria, paramédicos y otros trabajadores participaron en las labores de evacuación, rescate y recuperación.

El Programa de Salud del World Trade Center mantiene precisamente un seguimiento de quienes estuvieron expuestos a las condiciones ambientales posteriores al ataque. Investigaciones específicas han estudiado la mortalidad y las enfermedades entre agentes de seguridad que trabajaron en el lugar.

En el propio día de los ataques murieron 23 policías del NYPD y 37 agentes de la Policía de la Autoridad Portuaria, además de los 343 miembros del FDNY. Estas cifras corresponden a las víctimas inmediatas y no deben confundirse con las posteriores muertes asociadas a enfermedades relacionadas con la exposición.

Una crisis que va más allá de los primeros respondedores

La dimensión sanitaria tampoco se limita a bomberos y policías. El Programa de Salud del World Trade Center atiende actualmente a más de 150,000 personas expuestas, incluidos trabajadores, residentes, estudiantes, voluntarios y otros sobrevivientes.

Los datos más recientes contabilizan 57,044 casos de cáncer certificados como relacionados con el 11-S entre respondedores y sobrevivientes. De ellos, 28,131 corresponden a respondedores y 28,913 a sobrevivientes.

Las cifras muestran además que la mortalidad asociada a enfermedades relacionadas con la exposición continúa aumentando. Un recuento actualizado hasta julio de 2026 registra miles de fallecimientos vinculados a estas enfermedades, una consecuencia que se ha convertido en una parte inseparable de la historia del 11 de septiembre.

La lección sanitaria de 25 años

El seguimiento médico también ha demostrado la importancia de mantener controles durante décadas. El propio FDNY señala que la vigilancia permanente ha permitido detectar enfermedades y proporcionar tratamiento oportuno.

Un estudio publicado en 2026 encontró que los participantes del World Trade Center Health Program presentaron un menor riesgo de muerte que respondedores similares que no estaban incorporados al programa, lo que apunta a la importancia de la vigilancia médica y del tratamiento especializado después de una exposición de esta magnitud.

A 25 años de los atentados, el 11-S ya no puede analizarse únicamente desde las imágenes de las torres cayendo o desde el número de víctimas de aquel día. También debe entenderse como una emergencia sanitaria prolongada.

Para los bomberos, policías, paramédicos y civiles expuestos, aquella mañana de septiembre no terminó en 2001. En muchos casos, sus consecuencias continúan manifestándose un cuarto de siglo después.