Nelson López Rojas
Cuando era estudiante universitario, la UES nos daba 30 minutos de navegación desde las computadoras de la biblioteca. Hoy la gente se queja porque una película no carga a la velocidad que quisiera; nosotros, los bichos de entonces, solo esperábamos que el correo electrónico lograra enviarse. Para quienes no saben lo que era aguardar a que una máquina se conectara a Internet, basta recordar el sonido del módem y la paciencia que exigía. ¿Cuál sonido? Hagan clic aquí. La historia cuenta que el 14 de diciembre de 1995, alrededor de las seis de la tarde, El Salvador envió por primera vez tráfico real de Internet. No hubo discursos oficiales ni una conciencia clara de lo que estaba ocurriendo. Desde el edificio de la entonces Administración Nacional de Telecomunicaciones (ANTEL), en la calle Rubén Darío, se concretó una conexión que con el tiempo se convertiría en uno de los hitos tecnológicos más importantes de la historia reciente del país.
El edificio donde operó El Telégrafo y ANTEL fue construido en 1936. Foto de LA PRENSA/Luis Martínez
Este año se cumplen tres décadas desde que El Salvador estableció esa conexión sostenida a Internet, un hito técnico y simbólico que marcó el inicio de su transformación digital. A este proceso se asocia de manera recurrente el nombre de Lito Ibarra, ingeniero, gestor y promotor que fue pieza clave en la puesta en marcha de la conectividad inicial y en el desarrollo de capacidades técnicas e institucionales durante la década de 1990.
Treinta años después, la Internet forma parte de la vida cotidiana. Mientras escribo estas líneas, escucho una radio de São Paulo, respondo un mensaje a un amigo en Suecia y conecto mis cámaras al celular gracias a la red. Internet está presente en la educación, el comercio, la comunicación, la cultura y la gestión pública. Sin embargo, su llegada fue el resultado de un proceso complejo, sostenido por visión técnica, colaboración institucional y una apuesta a largo plazo en un contexto marcado por limitaciones económicas y por la reciente posguerra.
“Meter” Internet a El Salvador no fue un hecho aislado, sino la continuidad de una larga tradición de transferencias tecnológicas. Desde la imprenta y el telégrafo hasta la radio, la electricidad y la computación, el país ha ido integrando herramientas que transformaron su estructura productiva y su vida social. Internet representó un salto cualitativo como una nueva tecnología y una plataforma capaz de integrar todas las anteriores.
En este proceso, Lito Ibarra desempeñó un papel central. Su liderazgo técnico y su capacidad de gestión fueron determinantes para que El Salvador obtuviera recursos esenciales como el dominio .sv y los primeros bloques de direcciones IP, y para que se articulara un esfuerzo conjunto entre universidades, instituciones públicas y organizaciones civiles. Por esa trayectoria, ha sido ampliamente reconocido como el padre de Internet en El Salvador.
Los primeros años fueron modestos y lentos. ¿Quién no recuerda los días cuando los correos electrónicos tardaban horas en sincronizarse? ¿Hablar por teléfono y navegar al mismo tiempo? ¡Ni lo sueñen! Con conexiones limitadas y acceso restringido a espacios académicos y técnicos, los estudiantes de entonces sufríamos. A partir de 1996 comenzaron a aparecer los primeros sitios web nacionales, se consolidaron enlaces dedicados y surgieron proveedores que ampliaron el acceso a empresas y, luego, a los hogares. A finales de los años noventa, Internet empezó a salir de laboratorios y oficinas para instalarse en los cibercafés y espacios públicos.
Hoy, recordar el 14 de diciembre de 1995, es rescatar la memoria histórica reciente. El Salvador consume tecnología digital, pero también produce conocimiento, servicios y aplicaciones. La economía digital, el trabajo remoto, la creación de contenidos y el desarrollo de plataformas locales son parte del presente.
Treinta años después, ese gesto sigue marcando nuestro presente y delineando las preguntas sobre el futuro digital que queremos construir. También es momento para evaluar brechas, acceso desigual entre zonas urbanas y rurales, calidad de servicio, educación digital, protección de derechos en el entorno digital y la inteligencia artificial. Las memorias y testimonios de actores clave sirven a la vez para recordar logros y para orientar prioridades futuras.
Para quienes se preguntan por qué decimos el Internet y no la Internet, o de dónde proviene el dominio .sv y no.es, hay un evento para eso. La Editorial Universidad Don Bosco anuncia la presentación del libro Huellas hacia el futuro. Memorias del Padre de Internet de El Salvador (1925–2025), una obra dedicada a la memoria y reflexión sobre este proceso. La presentación se realizará este sábado 20, a las 4:00 p. m., en el Centro Cultural Salvadoreño, y reunirá a profesionales, excolaboradores y público interesado en la historia digital del país.