23 de enero de 1958: la luz se hizo de nuevo en Venezuela

Dr. Víctor Manuel Valle Monterrosa

Hace 68 años una noticia conmovió América Latina. El dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez fue derrocado y para gobernar transitoriamente se constituyó una Junta Patriótica con el liderazgo del Almirante Wolfgang Larrazábal, militar progresista de los muchos que ha habido en nuestros países; pero que nunca han consolidado un proyecto político.  Hubo júbilo en los sectores políticos progresistas, sobre todo izquierdistas, de América Latina y El Salvador no se quedaba al margen.

A la tristeza del derrocamiento de Jacobo Arbenz en Guatemala, en 1954, se le contrapuso el ajusticiamiento de Anastasio Somoza García, sátrapa de Nicaragua y custodio de Estados Unidos en Centroamérica, que murió en 1956 como resultado del atentado llevado a cabo por el poeta Rigoberto López Pérez. Ahora, en 1958 era el turno de otro dictador de similar ralea.

En El Salvador gobernaba el teniente coronel José María Lemus que aún no sacaba las uñas de represor que desplegó dos años después.

En Cuba se daba forma final a la después victoriosa lucha de los rebeldes barbudos dirigidos por un desconocido joven abogado llamado Fidel Castro que derrocó al otro dictador derechista, Fulgencio Batista, un año después, en enero de 1959,

Políticos transformadores sociales y económicos, no alineados con la extrema izquierda, como Rómulo Betancourt (que militó en el Partido Comunista de Costa Rica en los 1930 y después se convirtió en uno de sus némesis), José Figueres Ferrer, Juan Bosch, Luis Muñoz Marín y otros, agrupados en una llamada Legión del Caribe, aplaudían y apoyaban el derrocamiento de Pérez Jiménez. Recuerdo que, a punto de comenzar mi último año de secundaria, leí sobre la noticia y seguí los acontecimientos pues ya comenzaba mi interés en conocer sobre los asuntos políticos de El Salvador y el mundo.

Escribo está nota sólo por el placer de recordar y en la esperanza de que otros coetáneos también recuerden y las generaciones más jóvenes comprueben que los poderes son glorias transitorias y que los ruidos de cadenas vienen de lejos. Venezuela, su petróleo y su relación histórica amor-odio con Estados Unidos, desde que se descubrió petróleo en su territorio, tiene en el 23 de enero de 1958 un parte aguas de su historia, pues ese día entró de nuevo la luz en la patria de Bolívar digna de mejores suertes.