Sept 15 / 2014 G+G+ Facebook TwitterLinkID

TRIBUNA

Werner Peña (*) SAN SALVADOR - Desde el punto de vista de muchos, siempre existió la casi absoluta certeza que se había realizado una negociación con las pandillas, esto desde que se publicara, aquel 14 de marzo del 2012, la primicia lanzada por El Faro y la posterior confirmación de ContraPunto. La  noticia  impresionó al país de sobremanera, pues es evidente que  nadie espera que el gobierno negocie beneficios penitenciarios -¿y de otro tipo?- con grupos que se encuentran al margen de la ley a cambio de una mejora en los índices de violencia. Después de la primera etapa de sorpresa, para muchos, vino la fase de la reflexión, y al interior de ésta una de las principales interrogantes ha sido la siguiente: ¿Será que las autoridades no han ponderado las consecuencias de este tipo de negociación?

Desde que esta negociación saliera a la luz pública, se ha escrito mucho sobre sus pormenores, desde las elaboradas y  poco atinadas declaraciones del ministro Munguía Payés hasta la publicación y el análisis de los muy bien redactados comunicados difundidos por las pandillas. No obstante, es importante ahondar un poco más sobre las consecuencias de esta negociación, enfocando la discusión sobre las repercusiones de la misma, en la conciencia de poder de los pandilleros y su reconfiguración a partir de este proceso.  

De acuerdo a la RAE, la  negociación es definida como tratos dirigidos a la conclusión de un convenio o pacto. Así, el acto de negociar tiene una serie de implicaciones explícitas e implícitas que es importante señalar. En primera instancia, cuando dos o más partes se sientan a negociar  hay un reconocimiento implícito y explícito del poder que cada una de ellas tiene y eso, precisamente, da lugar a la negociación. En segundo lugar, cuando se negocia, y más un acuerdo  de este tipo, es porque las otras posibilidades de resolución o bien se consideran más costosas y extremadamente difíciles de alcanzar o bien se ponderan como irrealizables. Por último, una negociación implica dar y ceder, lo que significa que se adquieren compromisos que ambas partes deben cumplir para que la negociación llegue a buen puerto. Ahora bien es importante ahondar más en estos tres puntos.

1)      Reconocimiento implícito y explícito del poder de las partes.

Cuando el gobierno negocia con las pandillas se envían señales de tipo político a la sociedad como un todo y principalmente a los pandilleros. De entre todas las señales, una de las primordiales es la siguiente: Nos sentamos a negociar con las pandillas porque reconocemos que son un poder al interior de la sociedad. Como es evidente, existe un reconocimiento implícito del poder de las pandillas en el solo hecho de sentarse con ellos a negociar y no, por ejemplo, a dialogar. El gobierno puede llamar a los pandilleros a negociar y querer hacerles ver que se negociará bajo los términos gubernamentales con el afán de demostrar que quienes tienen el poder son las autoridades, aún así  el solo hecho de ser llamados a negociación, y por más que se quiera ocultar, hay  un reconocimiento implícito del poder de estos grupos por parte del ente de gobierno.

Por otro lado, se da un reconocimiento explícito de poder que en este caso se materializa en el ámbito institucional;  pues se presenta a las pandillas ante la sociedad como una institución social que cuenta con toda una estructura organizacional con reglas y disciplina que ahora tiene el poder de influir, no solo indirectamente sino que también directamente en las cuestiones del Estado y del gobierno, incluso, con la capacidad de intervenir en la agenda de una organización internacional como la Organización de Estados Americanos.

2)      Reconocimiento de que no hay  “mejor” opción que negociar

En este punto, la principal señal que se envía es que el accionar de las pandillas ha sobrepasado las políticas gubernamentales para contrarrestar su operar, y es precisamente por esto que ahora se han sentado a negociar. El reconocimiento implícito de este hecho,  es sumamente peligroso ya que de alguna forma representa una victoria para las pandillas; en la medida que se obliga al gobierno a pactar con ellos una serie de beneficios con el fin de reducir los homicidios asociados a estos grupos.

3)      Negociación implica dar y ceder

Una negociación implica dar y ceder hasta que las partes estén satisfechas o al menos de acuerdo con lo que dan y con lo que reciben. Hasta este momento hay poca claridad sobre los términos de la negociación. Conocemos  por un lado que las pandillas, como parte de sus concesiones, han disminuido el número de homicidios. Pero, ¿Conocemos en qué ha cedido el gobierno?  Sabemos que hay beneficios penitenciarios, pero ¿Hay algún otro tipo de concesión? Para muchos es altamente probable que existan otro tipo de beneficios en juego y no únicamente un simple traslado o “mejores” condiciones penitenciarias para los líderes de las pandillas, considerando que el negocio de   éstas es el crimen y que, precisamente por eso, no cederían tan fácilmente en un punto con el cual la imagen del gobierno hacia la población en general se dispara de forma positiva.   

Sopesando estos tres puntos, es posible concluir que las pandillas han adquirido una nueva “conciencia” de su poder como actores decisorios en la sociedad, es decir, se ha probado la “institucionalización” de su poder y su capacidad de influir de forma directa en las políticas del gobierno. Se han probado como un poder institucional en el país que transciende fronteras y con la capacidad de sentarse y exponer sus condiciones-peticiones al Secretario General de la OEA. Se han probado como un poder capaz de realizar conferencias de prensa multitudinarias con periodistas nacionales e internacionales. Se han probado como capaces de poner en jaque al gobierno e incluso de mostrarse como un aliado importante para mantener o elevar la imagen del gobierno mismo. En fin, ahora su conciencia de poder ha mutado, pasando de considerarse a sí mismos como una familia de “rebeldes” a considerarse como una institución parte de la sociedad salvadoreña con la suficiente fuerza  para hacer que las autoridades nacionales e internacionales se sienten a pactar con ellos.

Pero, ¿Qué va a pasar cuando, por el tipo de razonamiento, sicología y nueva conciencia de poder, los pandilleros quieran más? ¿El gobierno cederá? En caso de ceder ¿Cuáles  serían ahora los nuevos beneficios? O en caso de no ceder o de no poder cumplir con los acuerdos ¿Desatarían las pandillas una crisis social para que el gobierno ceda o continúe otorgando los mismos beneficios?

Entre todas las estrategias para reducir los homicidios el gobierno eligió una de las más peligrosas. A la mayoría de salvadoreños nos alegra que la cifra de homicidios se haya reducido, pero, puede ser que este tipo de obscuros acuerdos los paguemos, como sociedad, bastante caro en el futuro.

(*) Colaborador de ContraPunto

Comentarios   

+5 #1 Maras un Cancer SocialJose Serrano 07-11-2012 15:02
Las pandillas y su comportamiento tribal son parte innegable de la sociedad Salvadoreña, son el subproducto del actual sistema económico neoliberal, son un sector marginado con "cultura" propia que ha rechazado la cultura hegemónica de la sociedad por resultarles inoperante y letal. Este fenómeno algunos le llaman “Postmiseria”. Desde el punto de vista económico son un factor de peso en la economía, obstaculizan la inversión e incrementan los costos operativos. Son un cáncer social que amenaza la salud subjetiva y objetiva de la sociedad. La violencia estatal y social son solo parte de insumos que reafirman su "cultura" y crecimiento. Su extirpación como un cáncer no puede ser superficial requiere resolver las raíces culturales y objetivas que lo generan. El autoritarismo ancestral de nuestra cultura por si solo resulta fútil. Ignorar la realidad resulta un suicidio.
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