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SOCIEDAD
Nov 23 / 2014 G+G+ Facebook TwitterLinkID

SALUD

Sobre la “locura”, violencia y marginación recurrentes en la sociedad salvadoreña

Yo debería tener un infierno para mi cólera, un infierno para mi orgullo, y el infierno de las caricias; un concierto de infiernos

Rimbaud

Texto y fotografías por Hugo Sánchez

SAN SALVADOR- Hasta el momento solo hemos aprendido un par de cosas sobre ella: su madre sufre retraso mental y es alcohólica, tiene 4 hermanos, ella ha llegado con tristeza a los 15 o 16 años, está amancebada con un hombre de 49 años; ha consumido drogas a mansalva, seguramente la han violado, se ha prostituido. Ahora se encuentra tirada en una cama del hospital psiquiátrico en Soyapango. Le llamaremos Lilith.

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La entrada es rutinaria, el guardia de rigor hace las preguntas de rigor, damos las respuestas de rigor.- ¿Quiénes son y qué quieren?-, intenta preguntar el custodio de faz morena y camisa blanca.

-Somos periodistas y el director del hospital nos espera-, decimos al mal encarado hombre, es de comprenderlo, su oficio es el de cuidar y para eso hay que parecer duro y de pocos amigos.

-Adelante- responde. El vehículo entra en el recinto, el hombre apura el paso, parece que algo se le olvida. Nos pide que le mostremos nuestras credenciales y comprobar que realmente somos periodistas, así se hace. Ahora pareció un poco menos amable.

El Dr. Arturo Carranza, director del Hospital Nacional Psiquiátrico "Dr. José Molina Martínez", sale a nuestro encuentro. Es un hombre blanco, pelo cano, hablar pausado, amable y dispuesto a mostrarnos el lugar que, casi todos, llaman “el loquero”; cosa que demuestra el nivel de estigmatización que las personas con alguna patología mental sufren.

-El hospital ha estado cerrado al público, queremos dar más apertura-, nos dice en tono complaciente el galeno.

A estas alturas no sabemos con que nos encontraremos; somos víctimas del imaginario colectivo, suponemos gente gritando de aquí por allá, personas golpeándose la cabeza en las paredes, diciendo incoherencias, con ataques incapacitantes, derramando saliva a granel, agitados, excitados, delirantes, y todas esas cosas que nos han dicho que se ven en el manicomio; pero es menos espectacular y más humano, sobre todo más humano.

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Todo inicio en 1859, cuando el gobernante de El Salvador, el capitán general Gerardo Barrios, formó una comisión para que estudiara las normas relativas al tratamiento de las enfermedades mentales, pero no hubo avances significativos.

 
Con el pasar de los años el general Rafael Antonio Gutiérrez, que fue presidente entre 1894 y 1898, planteó la construcción del “Manicomio general de San Salvador”.

Entonces su esposa, Carlota de Gutiérrez, donó unas joyas valoradas en unos 10 mil colones, con ese dinero se compraron 60 manzanas de terreno para la construcción del sanatorio, que en un primer momento estuvo donde actualmente se encuentra el Instituto Nacional Francisco Menéndez (INFRAMEN) de San Salvador. Para 1918 el gobierno de turno adquirió otras 7 manzanas en el cantón Venecia de Soyapango, donde se encuentra en la actualidad, pero fue hasta el 16 de octubre de 1975 que se inauguraron los nuevos edificios del Hospital Nacional General y de Psiquiatría Dr. José Molina Martínez, lugar que ahora visitamos.

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Nuestra primera escala es el área de Agudos-Hombres, nos acercamos al pabellón, el lugar es más tranquilo de lo que nos imaginamos, pero un temor agazapado nos invade, ¿Nos pasara algo? ¿Debemos temer? ¿Seremos agredidos?....

La puerta es de hierro, un par de candados la refuerzan. Un timbre anuncia nuestra llegada. El olor es el primer impacto que recibimos, la nariz y el estomago se resienten, pero es el olor típico de los lugares como este, en las salas de todos los hospitales encontrará un olor similar, es el sudor guardado de todas las noches, es el olor que la falta de sol permite, pero no es el olor de la muerte acechante. Solo tardamos unos minutos en acostumbrarnos, en tolerarlo.

-Agudo se refiere al tiempo, al número de síntomas y a la intensidad de los síntomas que presenta el paciente. Es un proceso que se instala rápidamente, de una forma intensa y con muchos síntomas, en este caso de tipo psicológico y conductual-, explica Carranza.

Pero hay algo anómalo, el lugar es tranquilo, callado, los pacientes se bañan, caminan, descansan; varios comparten una pose particular al caminar, brazos cruzados, cabezas contraídas entre los hombros y pasos arrastrados. Todos visten pijamas lila.

En una cama yace un hombre, una mujer le contempla, será su esposa quizás. Ella tiene el rostro un poco compungido, la crisis del hombre también es una crisis de ella.

-Gracias por su gentileza- le dice la mujer a un hombre robusto, de traje verdoso, que hace limpieza. El hombre parece áspero, pero en el camino nos daremos cuenta que las personas acá no solo brindan atención médica, sino que tratan de hacer más amena la estancia de los otros, y así la propia. Los pisos lucen limpios, las camas ordenadas, todo en orden, se suponía que no sería así. Nos retiramos. Nos espera Crónicos-Hombres.

Las principales causas de consulta en este hospital son la dependencia a sustancias, trastornos mentales debidos a la ansiedad y depresión, esquizofrenia, trastorno bipolar y algunos por lesiones cerebrales, que a veces acompaña el aparecimiento de alguna enfermedad mental.

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-¿La situación de violencia y pobreza ayuda a que la gente padezca más enfermedades mentales?-, le preguntamos a director del hospital.

-Creo que la problemática de salud mental está asociada a las condiciones del entorno, no es la única determinante, pero influye bastante-, responde.

-El caso de los suicidios por ejemplo, el de la depresión, el de los trastornos de la ansiedad están más en relación con esta situación (violencia y pobreza), pero de forma indirecta, ya que por esa razón los pacientes que tienen alguna patología crónica son menos atendidos por su familia-, dice Carranza.

A juicio del médico, en situaciones económicas adversas, la prioridad es trabajar, proveer el alimento, y por tanto el enfermo pasa a un segundo plano, no se le garantiza el medicamento y menos el seguimiento medico, ser pobre y tener una enfermedad mental es un doble yugo.

-Indudablemente, a todos nos afecta esta situación que vivimos. Digamos que los que estamos medianamente sanos tenemos algunos recursos para adaptarnos, pero eso también colapsa, ese es un elemento de vulnerabilidad- reflexiona el psiquiatra. Carranza dice que las temáticas por las que la gente consulta pueden ser un indicador, por ejemplo, la extorsión o el asesinato de un familiar o vecino.

-El consumo de sustancias es otro elemento que es bastante frecuente y que está asociado a estas condiciones. Tratamos de manejar la situación de alguna manera, y entonces, el alcohol y el tabaco comienzan aparecer como alternativa para el manejo de la angustia y eso genera adicción en muchas personas-, explica.

José Rúales, representante de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en El Salvador, dijo recientemente que en el territorio salvadoreño se registran 10 suicidios por cada 100 mil habitantes.

El Instituto Salvadoreño de Medicina Legal (IML) dice que entre enero y agosto se han registrado 356 suicidios, 281 son hombres y 75 mujeres. En 2011 fueron 501.

Un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que los trastornos mentales representaron en 2001, el 12 por ciento de la carga mundial de enfermedades, mientras para 2020 se espera un aumento al 15 por ciento. En América Latina y el Caribe, los trastornos mentales representan el 22 por ciento de la carga de enfermedades.

Cerca de 800 mil personas se suicidan cada año en el mundo, de éstas el 86 por ciento muere en los países de ingresos bajos y medios.

El informe “Depresión: una crisis global” de la World federation for mental health, presentado recientemente, estima que actualmente hay unos 350 millones de personas afectadas a nivel mundial.

“A pesar de que se considera escasa la investigación a nivel poblacional de la relación entre las crisis económicas y algunos trastornos mentales específicos, va surgiendo evidencia a partir de crisis económicas previas en EEUU, Asia y la antigua URSS y de la crisis actual que asocian estas crisis con la psicopatología - en particular la depresión y el suicidio”, dice el informe.

Con lo anterior, es posible concluir que la relación entre depresión, suicidio y crisis económica es directamente proporcional.

“La salud de las personas se ve afectada por la degradación económica debida a las pérdidas de trabajos y limitaciones en los ingresos y la iniquidad social en la salud puede volverse más pronunciada”, explica el documento.

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Lilith nunca celebro sus 15 años, no hubo vestido rosa, pastel, ni fiesta; no hubo un abrazo materno de felicitaciones, ese día quizás amaneció con los puños bien cerrados y la rabia insolente de su juventud a flor de piel. Lilith se fue de casa a los 12años.

Nuestra Lilith se fue de casa, como la Lilith de Adán abandonó el Edén, e hizo vida conyugal con el líder de una pandilla. Hasta que este fue asesinado.

Sabemos que una vecina la indujo a la prostitución, el ultimo dejo de inocencia se había extinguido, la llama tiritante de lo bueno que esta sociedad le pudo dar, murió. El alcohol y el abandono fueron su familia, y después de todo eso se la comió el mundo, a esta sociedad le importo un maní su vida, como diría Bunbury, “te hicieron pan y ahí te consumimos”.

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Estamos a punto de ingresas al ala de Crónicos-Hombres, nuevamente no sabemos que encontrar, pero la experiencia en nuestra primera escala nos dice que debe ser menos espectacular de cómo lo imaginamos.

Carranza toca la puerta, alguien abre, otra vez vemos los candados; acá el ambiente es más movido, hemos llegado justo antes de la comida, el lugar es un patio mediano, muchos hombres caminan de aquí para allá como perdidos, les llamamos la atención, quizás les damos curiosidad; unos se acercan, nos rodean; un hombre mediano, de cachetes pronunciados, andar agitado y sonrisa de mazorca, se acerca. Nos abraza, nos da la bienvenida, con su hablar lento dice algunas palabras corteses.

Otro hombre nos rodea, tiene su mano en la bolsa como ocultando algo, tiene unos 50 años, se acerca más, quiere decirnos algo muy cerca del oído, como para que los demás no escuchen.

-Regálame diez centavos-, dice el hombre de cabello blanco. Hay que mentir y negar tenencia de dinero. Repetirá esta acción muchas veces en el tiempo que estaremos acá.

El Dr. Carranza asegura que un paciente crónico es el que permanece con los síntomas durante mucho tiempo y, sufre de algún deterioro en sus capacidades cognoscitivas y en sus habilidades de independencia.

-La cronicidad conlleva también a pensar en algunas situaciones de riesgo o deterioro, este paciente como el diabético, como el hipertenso, requieren una serie de medidas de alimentación, hábitos de sueño-, explica el doctor. Los medicamentos que les son suministrados también pueden causar ciertas complicaciones.

Poco a poco nos damos cuenta de imágenes más dramáticas: Hay un hombre en silla de ruedas, baja de ella, se arrastra por el suelo, se extiende sobre el mismo, parece disfrutarlo, toma un poco de sol. Poco después este hombre se desnudara y tomara un baño a fuerza de guacal.

Más adentro hay tres sillas de ruedas, son tres ancianos, sus cuerpos están cubiertos con sabanas blancas, solo se pueden ver sus cabezas. Sus rostros han sido labrados capa tras capa de piel, las arrugas así lo demuestran, los alimentan con jeringas, no se mueven. Solo emiten pujidos, que no sabemos si son de dolor o de otra cosa.

-Este paciente no sabemos cómo ha sobrevivido, tiene un tumor en la cabeza-, nos dice una enfermera. Los ancianos parecen sacados de la película Freaks de1932. Me los imagino diciendo “Lo aceptamos, es uno de los nuestros. Lo aceptamos, es uno de los nuestros”. Estos hombres no tienen más familia que las enfermeras que les cuidan, alimentan y limpian. Cerca de ellos está otro hombre atado a una silla de ruedas.

-Si lo soltamos se auto-agrede, comienza a golpear la cabeza contra la pared-, nos cuenta la misma enfermera. El hombre está desnudo, un trapo blanco le sirve de calzoncillo, es de orejas grandes, se le dibuja una mueca de preocupación en el rostro, tiene la mirada perdida, no es la primera vez que vemos esos ojos en este lugar, ni será la última, esa mirada también la hemos visto afuera, en nuestro diario vivir, la seguiremos viendo seguramente, quizás hasta la hemos tenido nosotros.

Ahora el hombre puja, quiere levantarse, pero sus amarras no lo dejan, no son cadenas como se puede imaginar cualquiera, son trapos. Tras de él hay un poste recubierto con una colchoneta.

En los dormitorios se encuentra “El niño”, él no sale, está desnudo, las enfermeras dicen que le visten y no dura así mucho tiempo. El niño parece disfrutar de su encierro, de su desnudez, cuando le llevan la comida espera agazapado tras las rejas del dormitorio, toma el plato, lo coloca en el suelo, come. Nosotros no estamos allí, solo él y su comida.

Hay otro hombre tirado en el piso, babea, balbucea algo inentendible, pero al escucharlo por varios minutos terminamos por entender lo que dice, es como con esas canciones feas que se escuchan en los microbuses, uno siempre termina por descifrarlas.

-Hoy no me mataras, no me mataras, no me mataras-, dice el hombre insistentemente mientras se balancea en el piso. Como en Bohemian Rhapsody. “Mama, I don´t wanna die.” (Mamá, no quiero morir).

Una enfermera luce desconcertada, eso si no debería ser normal, pero solo es que no encuentra al paciente que busca, grita el nombre incesantemente, un señor se le acerca, le pregunta el nombre y le indica el lugar donde se encuentra el perdido. El hombre guarda parecido con Morgan Freeman: es servicial, es de confianza, tiene unas llaves, parecen ser las de la puerta, porque de vez en vez, cuando alguien llama para entrar, él se aboca para abrir. Conoce por nombre y apellido a todos sus compañeros.

Es hora de comer, todos se alborotan, se acercan a la mesa dispuesta con el alimento, hacen fila, toman asiento. Unos comen, otros son alimentados, en un momento parece que vemos un montón de conejitos Duracell, tocando sus tamborcitos y platillos de un lado a otro.

Hay dos hombres, uno frente a otro, ambos tienen sus platos de comida y tazas de café. Uno toma su taza, la observa detenidamente, se pierde por un momento, el otro aprovecha, estira su mano y la mete en el plato de su compañero. Una enfermera llega y le recrimina su acción, cambia de posición los platos. El proceso se repite, ahora hay dos platos manoseados.

Otro paciente se acerca, dice ser pintor, así  lo certifican los médicos. Cuenta que su obra se encuentra en Bellas Artes en México y en Madrid. Se queja de lo caro que están los materiales para pintar, recuerda que su hermana le traía pintura.

-Yo estudie en la academia de Valero Lecha-, cuenta. Valero Lecha fue un pintor español que se radico en El Salvador y se le considera el padre de la pintura salvadoreña.

-Yo conozco el río de la vida y el arcángel de la muerte. La musa de la suerte tiene un largo plumero con el que sacude y cuando lo ve a uno le pregunta: ¿Qué quieres?...-, nos dice, el hombre, es mayor y su apellido tiene cara de ser judío o alemán.

El pintor se toma el tiempo para hacer una valoración sobre la sociedad actual:-Hay más locos que sanos en el mundo con todas esas drogas-

Hay pacientes que están internados desde muy jóvenes, personas sin familia, personas con familia pero abandonados, y los más afortunados que de vez en cuando ven a sus familiares. Pero el peor abandono es el de la sociedad, afuera los vemos como animales, les despojamos de su humanidad, son los “locos”, no son las persona con patologías mentales.

El Estado no ha hecho su trabajo, parece que la salud mental ha sido el último eslabón, el menos importante, el que menos renta electoral puede dar.

Ellos son nuestros chivos expiatorios, solo una sociedad enferma abandona a sus enfermos, ellos son lo que no queremos ver en nosotros, a ellos les escupimos en la cara, rompemos sus vestidos y echamos a suerte sus túnicas. Ellos son los “locos”, no nosotros. Les hemos crucificado y no dejamos que resuciten. Hemos cerrado la puerta, tragado la llave y tratado de olvidar su existencia. Pero ahí están y son como el espectro en Hamlet, nos piden ayuda, nos piden una veta de humanidad.

Ha llegado la hora de la terapia ocupacional, no todos pueden ser participes plenos. La terapia va desde inculcar la costumbre del baño, la limpieza bucal y la realización de labores domesticas.

Se ha realizado un cambio de guía, ahora nos acompaña la subdirectora del hospital, Karina Juárez.

En esta área el paciente que menos tiempo tiene de estar ingresado llego hace 6 años, uno de los más antiguos tiene 28 años de habitar este lugar.

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Un estudio de la Universidad Tecnológica de El Salvador (UTEC) del año 2011, señala que el contexto sociocultural de violencia y delincuencia que se vive en el país afecta el estado psicológico de los salvadoreños.

Se estima que el 84,8 por ciento de la población sufre de “nerviosismo e inseguridad” por la problemática. Los datos apuntan que las mujeres (54,6 por ciento) presentan mayores niveles de estrés y ansiedad que los hombres (45,4 por ciento) por los niveles de violencia que han azotado el país.

Dicho estudio también apunta que las informaciones sobre violencia y criminalidad presentadas en los medios de comunicación, afectan de igual manera el estado emocional y mental, 76,5 por ciento de la población, de esos el 44,6 son hombres y el 55,4 son mujeres.

De igual manera señala que el 76,4 por ciento de los salvadoreños experimenta ansiedad y estrés, lo que se manifiesta como pánico, miedo, agitación, boca seca, inquietud y taquicardia. Nuevamente, las mujeres son más afectadas (54,7por ciento) que los hombres (45,3por ciento). Finalmente, el estudio revela que las personas que viven en la ciudad se ven con mayores niveles de afectación, sobrepasando el 70 por ciento, que las personas que habitan en el área rural, que no superan el 30 por ciento.

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El Hospital Nacional Psiquiátrico "Dr. José Molina Martínez", es dos hospitales en uno. Existe un hospital general que atiende a los pobladores de Soyapango y el hospital psiquiátrico, que atiende aproximadamente el 87 por ciento de la demanda de servicios de salud mental en El Salvador, el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) atiende aproximadamente al otro 13 por ciento.

Soyapango es una de los municipios más populosos y violentos de El Salvador. En 2011 registró 173 homicidios y ocupa el cuarto lugar de los municipios de El Salvador en donde suceden más muertes violentas y el sexto donde más mujeres son asesinadas, según el “Atlas de la Violencia en El Salvador” de FUNDAUNGO.

El hospital funciona con el 1 por ciento del presupuesto total asignado al Ministerio de Salud (MINSAL). Para el año 2012 dicho Ministerio tiene asignado un total de 522 millones de dólares, entonces el presupuesto del hospital asciende a 5.2 millones de dólares.

El director del hospital explica que del total del presupuesto, el 44 por ciento se utiliza para el hospital general, es decir que el hospital psiquiátrico funciona con el 56 por ciento, el 0.56 por ciento del presupuesto general de Salud.

Por su parte la subdirectora del nosocomio, Karina Juárez, explica que el hospital necesita habilitar “ciertos espacios”  para una mejor atención de los pacientes. Dice que se debe crear una unidad de Sub-Agudos, un área de paidopsiquiátria (donde solo se atiendan a niños y adolescentes) y la de geropsiquiátria (para la atención de ancianos).

-Estos son los proyectos que queremos echar a andar-, dice Juárez.

La galena explica que en la actualidad el hospital posee un abastecimiento del 85 por ciento de medicamentos, y que solamente 4 medicamentos del área de psiquiatría se han agotado, pero que en 2011 atravesaron una seria crisis de desabastecimiento, 20 medicamentos “indispensables” para el tratamiento psiquiátrico se habían agotado.

-Un medicamento suple a otro, a veces causa en los pacientes temblor, saliveo; entonces empezábamos a bajar dosis y eso hizo que se prolongaran los tiempos de estancia. A veces recurríamos a la familia, cuando la familia lo podía comprar, pero acá el común denominador es no poder comprarlo-, cuenta Juárez.

Para que una familia pudiera mantener a su paciente en buenas condiciones y “funcional” debe invertir entre 70 y 80 dólares mensuales.

-Hubo un momento que solo teníamos Benzodiacepina, que es la diacepan. Sirve para el paciente convulsivo, para el paciente ansioso, pero para el paciente violento y agitado, no le va hacer nada-, reflexiona la subdirectora.

Los pacientes atendidos de forma hospitalaria para el 2009 sumaron 19 mil 734; en 2010, sobrepasaron las 18 mil; en 2011, sumaron 20 mil 319 y a septiembre de 2012 se contabilizan más de 20 mil.

Las consultas ambulatorias de emergencias fueron para 2009 un total de 10.369; para 2010 se contabilizaron 12.644; en 2011 sumaron 13.802 y al mes de septiembre de 2012 se han contabilizado 13.490.

Las consultas externa o de seguimientos de casos son para 2009: 50.967; para 2010: 44.642; para 2011: 42.502 y al mes de septiembre se contabilizan 42.752.

En 2012 han fallecido 5 pacientes crónicos, 3 mujeres y 2 hombres, por envejecimiento y comorbilidad médica.

En la actualidad el hospital cuenta con 7 áreas: Mujeres-Agudos (52 camas), Mujeres-Crónicos (90 camas), Hombres-Agudos (58 camas), Hombres-Crónicos (96 camas), Adicciones (30 camas) y Reos (40 camas), mas un área de observación. En total son 366 camas.

En lo que va de 2012 el hospital registra un índice ocupacional del 97,45 por ciento, solo en septiembre fue del 99,66.

El promedio de estadía en Adicciones es de 14 días, en Agudos-Hombres es de 25 días y para Agudos-Mujeres es de 22 días.

El promedio de estadía en el ara de Crónicos-Mujeres es de 1.708,5 días, 4,68 años; para Crónicos-Hombres es de 8.276 días, lo que equivale a 22,67 años.

El área más crítica del hospital es la de Reos, donde en un espacio destinado para 40 personas habitan 118 internos, un índice ocupacional del 281por ciento. Esta área le cuesta alrededor de 1 millón 200 mil dólares al hospital. Costos que en teoría debería absorber el Ministerio de Justicia y Seguridad.

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Ahora nos acercamos al área de Reos. Un extraño temor nos acecha nuevamente, nos susurra al oído, que ahí hay “locos y asesinos”, que nada bueno nos podemos esperar, que peligramos; pero nos damos cuenta que ese temor nos susurra lo mismo que hemos visto en los medios de comunicación, ese miedo infundado nos discursea la imagen vendida, la espectacularidad, el morbo, ese mismo gusto por la sangre, los cuerpos desmembrados, ese mismo gusto por el sufrimiento humano que vende millones de dólares.

Llegamos al lugar, la entrada es resguarda por hombres de gris, Juárez da las explicaciones del caso a los guardias, entramos luego de que abren un par de candados. El mismo olor, la nariz se resiente más, el nivel de hacinamiento es inhumano. Son 118 internos en un espacio para 40 camas. Esto es la versión a escala de lo que sucede en los centros penales salvadoreños.

Datos de la Dirección de Centros Penales (DCP), señala en los 19 centros penales permanecen encarcelados 27.106reos. El hacinamiento es alrededor del 323 por ciento.

Llegamos a la oficina del jefe de psiquiatría del pabellón, hay unos tres escritorios, en una esquina una vieja pizarra manchada con tiza indica la clasificación de los internos.

Son 12 hombres condenados, es decir culpables de algún delito.

-Ellos eventualmente podrían pasar a un centro penal-, dice Carlos Sorto, jefe de psiquiatría de Reos.

Hombres procesados suman 38. Los internos con medidas de seguridad son 57, estos no son reos y no purgan ninguna pena, pero el juez  ha valorado que su estancia en la calle representa peligro para la sociedad.

-En el país no hay un centro de medidas de seguridad-, explica Sorto. La ley establece que estos casos, con medidas de seguridad, deben ser revisados cada seis meses. Pero no se hace así, acá también el sistema de justicia salvadoreño no es funcional. Incluso hay pacientes estables, con el alta medica, pero siguen encerrados.

En el caso de las mujeres, no hay condenadas, solo una procesada y 10 con medidas de seguridad.

Según Sorto las lesiones, daños patrimoniales, hasta por quebrar parabrisas, y amenazas son las imputaciones más frecuentes por las que la gente con una patología mental es enviada a este recinto. Entonces no es por lo que nos han dicho, nos han pintado que esto está  lleno de asesinos, hay personas acá que han matado a alguien, pero no son todos.

-Hay mucho paciente abandonado, muchos de los delitos son contra familiares, la familia prefiere tenerlo aquí, y no interceden en los juzgados para que salgan-, cuenta el galeno.

Ahora nos acercamos a la entrada de los dormitorios, el panorama es, literalmente, gris. Los hombres se arremolinan frente a nosotros, no sabemos si sus pijamas son lila o grises. Al fondo se observa una serie de camas y colchonetas. Los hombres se acomodan frente a la puerta.

-He sido castigado, cruelmente castigado, otros compañeros han tenido misericordia de mí y no el personal medico, como enfermería. El personal penitenciario siempre, políticamente, nos margina. Aquí la buena conducta es esto, la buena conducta es esto-, dice un hombre levantando la mano, frotando su pulgar con el índice, quiere decir que la buena conducta es el dinero.

-Nos violan nuestros derechos-, dice una voz anónima que sale del grupo de hombres. Al frente de la puerta que nos separa de ellos, se posicionan dos hombres, los más mediáticos. Uno de ellos nos recuerda a uno de los líderes de la pandilla 18, Carlos Mojica: El Viejo Lin. Su forma de expresarse, la textura de la voz, y un ligero aire de indiferencia abonan a eso.

El paciente del psiquiátrico dice haber combatido durante la guerra, al igual que Lin, pero el pandillero, dice haber sido parte de las filas del Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC), pero el hombre que está frente a nosotros asegura que fue parte del ejército. El otro que más habla, es un hombre de ojos saltones y tez morena.

¿Qué te paso en el brazo?-, le preguntamos, mientras le señalamos una cicatriz.

-Estaba en un barranco fumando mariguana, estaba fumándome un puro, con la pistola, estaba con una pistola yo cargándola en un barranco, y paso un niño y me dijo “loco deja de estar fumando”, y yo le dije “ándate de aquí mono hijueputa o ya te voy a dar un cinchazo”-, hace una pausa.

-Y como estaba fumando viendo para arriba, cuando sentí el papá me levanto a filazos, me levanto a filazos, eso fue detrás de mi casa y no lo quise matar, no lo quise matar, pues vea. Solo me quede con el filazo y me corrí-, relata en tono bajo y con un poco de dificultad.

Los internos se quejan de la falta de visitas, del poco acceso a llamadas telefónicas, y piden se cambia a la directora de recinto.

-Aquí hay reos comiendo pupú (excremento), reos comiendo pupú. Nosotros quisiéramos que viniera un director aquí, un nuevo director, que viniera un nuevo director que nos comprendiera de hombre a hombre, que viniera un nuevo director que no se dejara manipular por la enfermería. Porque no es lo mismo tratar de hombre a hombre, porque a una mujer solo la rodean un montón de ayudantes de enfermería y hacen que haga lo que ellos quieren, en cambio un hombre no, un hombre tiene sus gatos, sus guardaespaldas-, dice el que nos recuerda la líder de pandilla. El otro, el de los machetazos en el brazo, también dice ser un reo político.

-Somos presos políticos, de puro gusto nos golpean, somos reos políticos, contra la derecha, contra la derecha. Nos amarran en la cama, como esos cuches que amarran cuando los van a capar, y uno grita y uno patalea, a veces mandan a llamar hombres de gris allá abajo, lo amarran a uno y nos inyectan…-, dice. Los hombres se interrumpen unos a otros, es difícil seguirles la línea, todos murmuran.

-Queremos que a la directora la quiten, que la destituyan, si es posible que la suspendan, veá. Le pedimos a otros países que suspendan a la directora del pabellón de reos, que suspendan a la directora porque ella no puede, porque por ejemplo cuando estaba más antes de director un subinspector, yo quebré dos televisores aquí, lo cual cuando los quebré al mes ya nos había puesto ese otro, y a ese otro le pegue con una pata de una prótesis…-, cuenta, pero tenemos que retirarnos, no tenemos la autorización de Centros Penales para ingresar. Al salir observamos un estante, donde se supone hubo un televisor.

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En la actualidad las autoridades de Salud salvadoreñas están en un esfuerzo por darle mayor importancia al tema de salud mental.

-Dentro de la política de salud una de las estrategias fundamentales es el que está orientada al campo de la salud mental, yo he dado toda la importancia porque creo que no solo en este país, si no que en el mundo entero-, dice la ministra de Salud, María Isabel Rodríguez, a quien cariñosamente se le conoce como “Chavelita”.

Al inicio de su gestión, Rodríguez impulso una reforma de salud, la que tiene como principal elemento la descentralización de los servicios de salud publica. Se crearon los Equipos Comunitarios de Salud (Ecos), que visitan casa por casa las comunidades, principalmente en el área rural. También se crearon los Ecos Especializados, que cuentan con personal especializado en determinadas áreas de la salud, incluida la salud mental.

De igual manera se ha iniciado un proceso de descentralización de la salud mental. Se han creado siete unidades de atención psicológica y psiquiátrica en diferentes hospitales en todo El Salvador.

-En esta administración que nos ha tocado presidir, la salud mental representaba el rinconcito donde llegaban los pacientes a consultar cuando ya todo estaba complicado, cuando ya es de carácter psiquiátrico y no precisamente cuando son fenómenos iniciales de salud mental-,ha dicho la ministra a la prensa.

El director del Hospital Psiquiátrico dice que no esperan recibir más presupuesto del que ahora poseen, pero dice que la clave es una reingeniería del hospital para poder realizar sus proyectos.

-Para ser realistas, nosotros no vamos a tener más presupuesto. La estrategia es recomponer una cosa y el dinero meterlo a otra parte; que las camas se vayan distribuyendo de acuerdo a las necesidades, pero manteniendo el presupuesto, lo que va a ver es una recomposición de los espacios y una recomposición de las camas y la especialización de los recursos-, asegura el especialista.

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Hay una canción del grupo argentino Bersuit Vergarabat llamada “De ahí soy Yo”. La canción nos recuerda lo fatal que resulta la infelicidad para la sociedad. “No hay nada más antiecológico que un infeliz”, nos dice.

-Un infeliz es fabricante, traficante, portador, vendedor de toneladas de dolor. Una verdadera usina, una raquítica orquídea parasita, que chupa luz, que chupa vida...-, suena, y resuena la canción en nuestra cabeza.

¿Qué tan infeliz es esta sociedad? ¿Qué tan infelices somos?, ¿Por qué nos destruimos?, primero una guerra fratricida, ahora un fratricidio colectivo, sin ideologías, sin credos. Nos matamos a diario por un maní, quizá no nos matamos en el sentido estricto de la palabra, pero somos intolerantes, abusivos, somos portadores de una cultura del diablo.

Consumimos violencia y dolor a granel, nos gusta, somos morbosos, vemos un muerto en la calle y corremos a verlo, y decimos que estas personas son las “locas”.

-Nadie está exento de presentar un trastorno mental de cualquier tipo, nadie en este país esta exento de presentar un cuadro psicótico o un cuadro que amerite una atención psiquiátrica. Una depresión simple puede llevar a un hospital psiquiátrico y trastornar de tal manera que se salga de la realidad, y ese es de los cuadros que más vemos-, nos cuenta Carlos Acevedo jefe del servicio psiquiátrico de Agudos-Mujeres.

Acevedo reflexiona que la situación de violencia y la crisis económica son factores que pueden desencadenar estos cuadros clínicos, no es la primera vez que lo oímos, debemos comenzar a creerlo.

-Los factores psicosociales inciden de manera directa. El factor económico, la falta de empleo y la sociedad violenta en la que vivimos hace que muchas personas sufran enfermedades. Aquí vemos las consecuencias de la violencia social, violaciones, depresiones, que los asaltaron y vieron como le sacaron los sesos a una persona en el bus, y esa persona tiene estrés postraumático-, reflexiona Acevedo.

Nos encontramos en el área de Agudos-Mujeres, todo es tranquilo, las mujeres visten pijamas color rosa.

-Buenos días, feliz año nuevo, que el señor los bendiga-, dice una señora de aspecto quijotesco.

Nos movemos, llegamos a Crónicos-Mujeres, la cosa cambia radicalmente. En esta ala solo hay ancianas, unas 20 o 30, de todas ellas sólo 4 son independientes.

-Ellas necesitan más un cuidado geriátrico que psiquiátrico-, comenta Juárez. Las ancianas no se levantan, no hablan, sólo necesitan ser alimentadas y cuidadas.

En una silla de ruedas tienen a una octogenaria, sus brazos y piernas están deformados. Nos ve y comienza a gritar, hace sonidos como de paloma, parece estar alegre, entre sus brazos sostiene una muñeca, con ella es feliz. -Cuu-Cuu-Cuu-Cuu-, es una sonido que no molesta a nadie.

Ahora nos dirigimos a la siguiente área de este pabellón, la mayoría rondan quizás los 40 años o más. Las más jóvenes se encuentran en Agudos-Mujeres. Unas 8 mujeres nos rodean, ríen, quieren tomarse fotos con nosotros, parecen mariposas revoloteando.

Acá también se ven muchas arrugas, y pocos dientes, pero también corazones alegres. Nos cantan y recitan poemas. –Me hiciste llorar, mi hiciste sufrir. Si tu ya no me quieres te vas a volar. Madrecita consentida, madre de la buena fe, tráeme lo que te pido para entregarle el cariño. Cuando una rama esta seca, otra esta verde y floreada, si tus brazos me desprecian otros me estarán esperando-, canta un anciana entre accesos de tos y las risas rancheras de sus compañeras. Hasta hoy no sabemos de quién es la autoría.

-Los ojos de los bueyes. ¡Dos alas!... ¿Quién tuviera dos alas para el vuelo? Esta tarde, en la cumbre, casi las he tenido. Hoy me subí a la cumbre más alta que hay y desde ahí me dije: Desde aquí veo el mar, tan azul, tan dormido, que si no fuera un mar, ¡Bien sería otro cielo!... Cumbres, divinas cumbres. Los ojos de los bueyes. ¿Quién tuviera dos alas para el vuelo? Esta tarde, en la cumbre, casi las he tenido...-, recita una mujer que ha estado desde los 16 años en este lugar, la única mujer que luce maquillaje.

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***

Ahora bien, esta gente, con todos los esfuerzos realizados por los médicos, está recibiendo atención, unos podrán regresar pronto a casa, y si continúan el tratamiento estarán estables y “funcionales” por mucho tiempo. Otros pasaran mucho más tiempo acá. Pero ¿Quién atiende a la sociedad salvadoreña?, ¿Quién atendió a la sociedad después de la guerra?

Para Carranza hay dos cuestiones que son importantes para entender el actual contexto de violencia en El Salvador, que a todas luces también tiene que ver con la salud mental de la sociedad. En primer lugar la perdida de valores, en segunda instancia la falta de comunicación.

-Los paradigmas con los que nosotros nos movilizamos son los valores, cuando se pierden los valores se desubica uno en el sentido de las cosas-, dice el doctor.

Carranza apunta que hay una serie de condiciones que van destruyendo o torciendo los valores, como en el interior de las pandillas, y que las conductas violentas y el sadismo en las muertes se ven “como una cosa natural”.

-Hay una deshumanización, una irracionalidad-, reflexiona el director del hospital. Por otra parte dice que la carga que se trae desde antes del conflicto es un estimulante de las reacciones violentas. -La represión en estos países ha sido para callar el malestar-, cuenta.

-Cuando los grupos se sientan a conversar hay una conciencia de respeto-, explica y dice que sólo hay dos formas de evacuar el dolor, una es enfrentarla de frente y la otra es encausarla. El medico también deja entrever que no es un problema de infraestructura, de personal o de dinero.

-La tristeza es un sentimiento universal, y el sufrimiento humano es universal; igual se sufre en un país con pobreza, con diferencias, con brechas en cuanto el acceso a los recursos, igual se sufre en un país con muchos recursos-, sentencia el galeno.

***

Lilith está ahí, luce un poco desubicada, es joven, es bonita; es una victima, quizás del sistema, quizás de la “herencia maldita”.

-¿Te acuerdas de donde estas?-, le pregunta la Dra. Juárez.

-Sí, veo que hay bastantes doctores-, responde Lilith un poco insegura.

-Ajá, aquí hay doctores-, dice la galena.

-Yo ya me quiero ir-, expresa la paciente.

-¿adonde quiere ir?- pregunta el doctor que lleva su caso.

-A mi casa-, dice con cierto desconsuelo y ansiedad.

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COMENTARIOS

-10 #1 Menos vainasAlejandra Espada 30-10-2012 23:48
¿La nota es sobre los internos y sobre el periodista? Disculpen mi franqueza, pero en especial en un tema tan sensible se ve feo que pesen más los prejuicios del reportero que las historias de quienes deberían ser los protagonistas. Suerte en la próxima...

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