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Dic 20 / 2014 G+G+ Facebook TwitterLinkID

POLITICA


El ex embajador estadounidense señala que pequeños sectores en EE.UU no han cambiado su mentalidad de “Guerra Fria” y siguen viendo con desconfianza el avance de la izquierda

Por Gerardo Arbaiza

“¡Don William! ¡Don William!” Al parecer, este estadounidense de 77 años ha dejado amigos en un café de un exclusivo hotel de la Colonia San Benito. El visitante, que conoce perfectamente el territorio salvadoreño, disfruta al ver cómo los meseros lo reconocen y no escatiman en ofrecerles un café capuccino.

William Walker, un diplomático estadounidense de carrera, dice sentirse tranquilo en venir a El Salvador sin la necesidad de guardaespaldas, algo que era impensable hasta hace 21 años, cuando ejercía como embajador de Estados Unidos en El Salvador.

Durante ese periplo como embajador, entre 1988 a 1992, Walker reconoce su repudio a la idea que la entonces guerrilla del FMLN, llegara al poder por la vía armada. Ya en pleno siglo XXI, valora positivamente que el FMLN haya adoptado la lucha electoral y considera que el ahora partido oficialista, ha demostrado que pertenece en el “mundo democrático”.

Recientemente, Walker reapareció a través de una columna en el prestigioso rotativo estadounidense The New York Times, en la que contestó a su amigo Elliott Abrams, un ex asesor de los presidentes Ronald Reagan y George W. Bush.

Abrams, a través de una columna en el Washington Post, hacía mención a supuestos vínculos del FMLN con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y con actividades de narcotráfico desarrolladas por este grupo.

Walker, sostuvo en su columna titulada “No hay que temer a los izquierdistas salvadoreños”, que el FMLN y el país han cambiado en más de 20 años y agregó que el FMLN se ha ganado el derecho a que los votantes salvadoreños decidan si lo dejan o no gobernar por otros cinco años.

El ex embajador ahora dedica su tiempo en promover la cultura latinoamericana a través de un festival fílmico que organiza en Washington D.C. Walker tomó tiempo durante su visita al país para conversar con ContraPunto y plantear más ampliamente sus argumentos.

¿Qué le motivó a aseverar en una columna en The New York Times que no se le debe tener miedo a la izquierda salvadoreña?

En primer lugar, había un artículo de Elliott Abrams en The Washington Post, en el que hablaba del peligro de una victoria del FMLN. Yo lo conozco personalmente, hemos trabajado juntos y es muy inteligente, pero en mi opinión estaba completamente errado, porque no maneja mucho el tema de El Salvador, América Central y América Latina y el propósito de mi artículo es que el mundo ha cambiado mucho en 20 años, así como el FMLN y El Salvador han cambiado, por lo que no se puede decir que la situación del pasado es igual a la de hoy.

La guerra ya acabó y el FMLN entró al poder por el voto, no por las armas y tenemos que respetar ese hecho y es el pueblo salvadoreño el que debe decidir si la gestión del FMLN ha sido buena o si Norman Quijano es la persona con más posibilidad de hacer cosas buenas por el país.

Usted menciona en el artículo que le tocó vivir la última parte de la guerra en el país ¿Cómo recuerda esos momentos?

Había tensiones entre EE.UU y el FMLN y debía andar en la calle con cuidado y un poco de miedo del FMLN, pero eso quedó en el pasado y ahora yo ando aquí sin armas y guardaespaldas, porque es una situación completamente distinta. Si tuviera miedo del FMLN en el gobierno, yo no vendría aquí.

¿Qué diferencia al FMLN de la guerra, con el partido que actualmente es?

Yo iría que ahora buscan ganar por la vía electoral no por otra manera. Mi oposición personal william-walker-gadurante la guerra era que ellos intentaban entrar por las armas y yo entendí en aquel entonces, como lo entiendo ahora, que tenían mucho apoyo. Yo vi la elección de Mauricio Funes, cinco años atrás y fue una elección limpia y sin cuestionamientos de fraude, al igual que la primera vuelta del 2 de febrero.

Yo tengo la impresión que el FMLN pertenece al mundo democrático y como digo en el artículo, no estoy recomendando que la gente vote por el FMLN, solo estoy diciendo que, si ellos cambian, las relaciones con Estados Unidos deben ser como las de cualquier otro país.

¿Le cuesta a la sociedad estadounidense, asimilar que una ex guerrilla convertida en partido político, tenga tanto éxito en eventos electorales y tenga ahora la posibilidad de gobernar?

La sociedad estadounidense no conoce casi nada de lo que pasa en El Salvador y me avergüenza decir que no le interesa. Por esta razón, me molestó el artículo de Abrams y lo que han dicho otros representantes de la derecha estadounidense han dicho sobre el FMLN, porque se fían de la ignorancia de los estadounidenses al nombrar a una ex guerrilla la que EE.UU trataba de combatir.

La mayoría de los estadounidenses no saben que esta ex guerrilla decidió escoger la ruta electoral hacia el poder e intentaron unas cuantas veces sin éxito, hasta que lo intentaron con Mauricio Funes y ganaron. Si bien en estos cinco años, han ocurrido cosas negativas como corrupción y violencia, también ocurrieron durante ARENA, que no pudo hacer nada al respecto.

Creo que corresponde a los salvadoreños decidir el gobernante que lo pueda hacer mejor, los próximos cinco años y si los estadounidenses supieran algo de esta situación, lo aprobarían.

¿Por qué algunos sectores en Estados Unidos están interesados en infundir miedo ante la posibilidad que fuerzas de izquierda triunfen electoralmente?

Un grupito de la derecha extrema en EE.UU no ha cambiado y todavía viven en la guerra fría y el anticomunismo. Ellos tienen miedo de lo que pasa en Venezuela, Bolivia y Cuba, y no han venido a El Salvador a experimentar los cambios. Como repito, no sé por qué Elliot (Abrams) escribió ese artículo, ya que solo ha tenido en los últimos 20 años, experiencia en el Medio Oriente.

¿Cómo evalúa que haya políticos y empresarios estadounidenses que en esta campaña han manifestado abiertamente su apoyo al FMLN?

Ojalá que el nuevo gobierno tenga la idea que El Salvador y Estados Unidos, en términos de gente y negocios, tienen muchas cosas en común. Los problemas de este país, como la violencia, drogas y corrupción, tienen conexiones en Estados Unidos y el gobierno que entre el 1 de junio, debe entender la importancia de las relaciones con Estados Unidos.

Ni ARENA ni el FMLN van a hacer cosas que pongan en riesgo esa relación, sino que van a buscar fortalecerlas.

¿Cómo ve que el FMLN cambió de actitud y pasó a interesarse en cultivar las relaciones con EE.UU?

Creo que ellos han entendido lo que acabo de decir, que la importancia de las relaciones con EE.UU y con casi 3 millones de salvadoreños en la diáspora. Es claro que se cometerán errores, al igual que cada país con los que EE.UU tiene relaciones, los comete, pero la relación básica sigue siendo fuerte. El FMLN, poco a poco, se ha dado cuenta que debe trabajar lo mejor que pueda para hacer que esas relaciones lo más fuertes posibles.

Mucha gente en El Salvador le sigue achacando al FMLN, la quema de una bandera estadounidense en 2001…

De esas cosas son las que hablo. Critico lo ocurrido, pero entiendo que mucha gente en el país perdió padres, hijos y hermanos durante la guerra y entienden que Estados Unidos apoyó a la gente que provocó esas muertes, pero un gobierno del FMLN debe impedir que cosas como esas pasen en el futuro, que son muy emocionales, pero no tienen sentido real.

¿Cuándo en El Salvador se le dejará de dar importancia a comentarios de políticos en EE.UU que advierten de los peligros de un gobierno de izquierda?

Hay personas que nunca van a aceptar esta apertura, porque viven en Miami y pararon de pensar cuando Fidel Castro entro al poder en Cuba. Otras personas pararon de pensar cuando en 1989 cayó el muro de Berlín, este es un grupo pequeño. Algo que siempre he pensado es que el gobierno que llegue el 1 de junio tiene que hacer más a favor por la diáspora, que es un grupo importante y creciente en influencia.

La diáspora puede aportar más a su país que solamente con remesas, para eso hay que trabajar con ellos y prestarles más atención.

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