Viernes, 10 Agosto 2012 04:58

Este es el segundo reencuentro del caso hermanos Contreras, tres niños desaparecidos durante la guerra.
Por Gloria Morán
SAN SALVADOR – Treinta años tuvo que esperar Maura Contreras para volver a ver y abrazar a su hijo, Serapio Cristian Contreras, quien fue arrebatado de su lado en agosto de 1982, durante un operativo militar llamado “Invasión el anillo”.
Este jueves, en el cantón Las Anonas de San Vicente, decenas de personas entre familiares y vecinos, quienes estaban tras un arco hecho de palmas colocado a la entrada de la casa de doña Maura, adornado con globos de colores y con un letrero que decía “bienvenido a casa Serapio Cristian Contreras”, recibieron a Cristian.
Contrario a muchos de los niños y niñas, ahora jóvenes, que ya han sido encontrados por la Asociación Pro-Búsqueda de Niñas y Niños Desaparecidos que en otros países, como Estados Unidos e Italia, a Cristian lo encontraron el mismo departamento en el que vive su madre, en San Vicente, nunca salió de su tierra natal, pero ni la casualidad hizo que antes se encontraran.
Él es uno de los tres hijos que le fueron arrebatados a Doña Maura en ese operativo que fue realizado en el cantón, San Juan Buenavista, en Tecoluca, San Vicente, en el lugar conocido como "La Conacastada".
Doña Maura, ahora de 57 años, no disimulaba la emoción, su sonrisa y sus ojos color verde delataban que no podía esperar más, abrazaba a todos, les daba la bienvenida, contaba la historia y sonreía, no cesaba de decir “estoy agradecida con Dios por permitir esto”.
Eran casi las 10:30 de la mañana cuando alguien dijo “ya llegó Cristian”, desde ese momento, sin verlo aún, las lágrimas de sus padres y hermanos empezaron a brotar.
Cuando Cristian apareció su madre no dudo ni un segundo en lanzarse y darle un abrazo, uno de aquellos que sin palabras expresan los más puros sentimientos y nostalgias que el tiempo que vivieron separados provocó.
Tras doña Maura los siguientes en abrazar y dar la bienvenida a Cristian fueron su padre, sus hermanos, sobrinos y su abuela materna, quien dijo “no dudamos en ningún momento que volvería, oraba de rodillas, parada o sentada, como fuera para que esto pasara”.
Cristian con evidente consternación, pero sin botar una lágrima, dijo que a diferencia de su madre él tenía pocas esperanzas de volver a reunirse con su familia. “Pero ahora que los conocí debo aprovechar el tiempo”, dijo con una sonrisa en sus labios.
Después del emotivo encuentro, doña Maura había organizado una misa en acción de gracias por haber encontrado ya a dos de sus tres hijos desaparecidos durante la guerra. El oficiante de la misa fue el padre Antonio Rodríguez, conocido como "el padre Toño".
A la misa asistieron varios familiares y amigos, quienes estaban sentados en unas sillas
de plástico color rojas, colocadas debajo de un gran árbol llamado popularmente “la zorra”, al cual con evidente quebrantamiento el padre Toño pidió lo llamaran “Padre Jon de Cortina”, por ser un árbol frondoso que bajo su sombra se cobijan mucho.
Jon de Cortina es uno de los fundadores de Pro-Búsqueda, junto a familiares de desaparecidos y un grupo de comprometidos con los derechos humanos. “Agradezco al padre Jon por el esfuerzo que hizo cuando estuvo en vida, no ayudó a muchos”, dijo doña Maura, dijo con lágrimas abundantes y con voz quebrantada
Cuando el ejército se llevó a Cristian que en ese entonces tenía un poco más de un año de edad, también fueron secuestradas sus hermanas Gregoria Herminia Contreras de cuatro años de edad y a Julia Inés Contreras de apenas cuatro meses de nacida.
Gregoria fue encontrada en Guatemala en 2006, mismo año en el que se reencontró con su familia biológica. Gregoria dijo que “la alegría es inmensa, reunirme con mi hermano es algo que esperaba, pero aún falta mi hermanita, esto aún no termina”.
La desesperada búsqueda
Fue hasta 1986 que doña Maura inició una búsqueda formal, acudiendo a diversas instituciones como la Cruz Roja, un periódico de basta circulación nacional, al Comité de Madres de Presos y Desaparecidos Políticos Monseñor Romero (CO-MADRES) y a la Comisión de Derechos Humanos no Gubernamental (CDHS), pero no tuvo respuesta.
Fue entonces cuando se acercó a la Asociación Pro-Búsqueda de Niñas y Niños Desaparecidos, fue ahí dónde se dio inicio a la investigación; en 1996 luego de una denuncia interpuesta por Pro-Búsqueda que la Procuraduría para la Defensa de Derechos Humanos (PDDH) inició una investigación.
En 2002 doña Maura junto a Pro-Búsqueda interpuso una demanda de “Habeas Corpus” ante la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) a favor de los hermanos Contreras, pero tampoco hubo contestación.
En 2010 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) interpuso una demanda ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) por las desapariciones de seis niños, entre ellos los hermanos Contreras, durante el conflicto armado en El Salvador, y por la cual el Estado fue condenado en 2011.
Esa se convirtió en la segunda condena que recibió El Salvador por desapariciones de niños durante la guerra. La primera vez fue el 1 de marzo de 2005 por el caso de la desaparición forzada de las hermanitas Serrano Cruz, en su dictamen la Corte dijo que el Estado violó el derecho a la integridad personal, asimismo le impuso que debía pagar por concepto de indemnización del daño inmaterial ocasionado a las víctimas y sus familiares, entre otras.
Según Ester Alvarenga, directora de Pro-Búsqueda, el Estado no ha cumplido en gran medida con lo que se le mandó.
Pro-Búsqueda en un comunicado asevera que los reencuentros de Gregoria y Cristian han sido posibles gracias a la información proporcionadas por personas que tuvieron participación en las estructuras militares, lo cual refleja la necesidad de que la Fuerza Armada facilite la información, tanto testimonial como documental, para localizar a más jóvenes que de niños fueron desaparecidos durante el conflicto armado.
Asimismo Alvarenga destacó que las investigaciones hechas desde el Banco de Perfiles Genéticos de Pro-Búsqueda, que funciona desde 2006, ha sido fundamental para resolver con mayor certeza y rapidez algunos casos.
El caso de la aparición de Cristian es un ejemplo de la efectividad del Banco, pues fue gracias a las muestras genéticas de sus padres y Cristian que descubrieron su paradero y realizaron el reencuentro.
Alvarenga dijo que Pro-Búsqueda ha puesto a disposición de la Comisión Nacional de Búsqueda de Niños y Niñas Desaparecidos el Banco de Perfiles Genéticos con el fin de contribuir a la resolución de casos pero ésta aún no da respuesta.
Hasta la fecha son 377 casos, según Alvarenga, los que Pro-Búsqueda ha resuelto, de éstos 91 están pendientes de reencuentro.
El Informe de la Comisión de la Verdad consigna que durante la guerra civil en El Salvador (1981-1992) se dieron 5.000 casos de desapariciones forzosas, principalmente por parte de la FAES, aunque organizaciones de Derechos Humanos asumen que pudo haber hasta 9.000 desapariciones durante el conflicto.