
Por Armando Salazar
Relato de Felipe Tobar, habitante de San José Las Flores, Chalatenango
SAN SALVADOR - “Después del Fénix en Guazapa, vienen para acá”. Esa fue la información seca y fantasmal que tuvieron los directivos del Poder Popular Local de las comunidades de Chalatenango unos días antes. Pero no se sabía “¡¿Por dónde vienen?!”.
El 5 de Marzo de 1986 inició un fuerte operativo militar a Chalatenango. Le llamaron “Chávez Carreño”, en “homenaje” a lo que ellos aún consideran un “héroe” de la Fuerza Armada, un oficial militar que ordenó masacres de civiles.“Bien recuerdo que hicimos una ampliada con la comunidad para explicarles que venía un operativo muy fuerte, distinto a los demás. El operativo estaba para tres meses y que no podía funcionar eso de que la gente se quedara en los tatús. No iba a aguantar 3 meses escondida. Imposible.
“Había que tomar otras medidas y lo mejor era que sacáramos a la gente. Había que estar alertas para evadir el operativo y ver como sacar a la gente de la zona, antes que las tropas nos acorralaran y ocurriera otra masacre como la del Sumpul.
“María Chichilco nos reunió y nos dijo a los directivos ‘¿Ustedes están dispuestos a jugarse la vida con la gente?’. Todos dijimos que sí. Si ese era el riesgo en defensa de la vida, lo asumíamos.
“Allí en El Tamarindo estábamos cuando el operativo nos agarró de sorpresa. Nos agarró en La Aldea y fue la balacera. Nos cerraron la calle y ese operativo era tan grande que circulaban territorios y era tan lento… se asentaban, iban rastrillando, pasando, y volvían. Era difícil quedarse escondido en un lugar. Era ese operativo de la tierra arrasada que le dicen. Desplegaban la tropa por todo el territorio.
“Pasaron 19 días que yo no tuve contacto con la familia, porque yo estaba con la gente del Tamarindo, Las Vegas, Haciendita y salimos para (el cerro) Chichilco.
“María organizó 26 familias para ir a tomarse la iglesia de Dulce Nombre de María y denunciar el operativo: habían capturado a más de 1,200, destruyendo todo, era gente de la zona de San Isidro, Cancasque, Nueva Trinidad, Nombre de Jesús, una barbaridad. La política que traía el operativo era capturar a toda la población civil y llevársela.
“Yo andaba 105 personas. A los días, todos miramos que el operativo se iba rumbo a Ilobasco por la Presa 5 de Noviembre. Miraba los camiones, pero entraron nuevamente por la presa del Cerrón Grande. Rodearon los ranchos, volvieron a circular y nos dejaron adentro.
“Ya no nos quedó más chance que ir rumbo a Cancasque. Llegamos a las playas del Lempa y allá nos circuló el ejército, como a los 20 días. La gente sin comer no tenía valor de caminar. Yo en la noche exploraba para ver por dónde podía sacar a la población, pero siempre a toparme con los grupos de militares. Estaban por todos los cerros. No había escapatoria.
“Un día llegaron los soldados como a cien metros de nosotros. Ellos nos vieron y nosotros los vimos. No quisieron llegar, solo observaron y yo solo me quedó acción de acostarme en el suelo, con los niños, todos pequeñitos, a yo me agarró hasta una sudazón helada, del temor que allí me iban a matar. No teníamos para dónde.
“Allí andaba la Beatriz. Le admiro la valentía. Y me dijo `Aquí mañana nos captura el ejército, estamos rodeados. Hagamos algo: sacá vos a los jóvenes y yo me voy a quedar con la gente mayor y los niños. Si me matan, aquí voy a morir con la gente`. No cualquiera tiene esa decisión.
“Yo le dije que reunamos a la gente en la noche y digámosle la verdad. Porque en los momentos duros, uno tiene que ser sincero con la gente. Eso hicimos. Como a las diez de la noche, en una quebrada, en lo oscuro que no nos mirábamos nadie. Solo sabíamos que estaba la presencia allí.
“Y les dije: No tenemos salida. Si nos vamos con estos niños, lloran o rodamos alguna piedra, van a ametrallar y van a matar a toda la gente. Tenemos dos alternativas: los que estén dispuestos conmigo, los jóvenes y hombres mayores, no les voy a asegurar que les vamos a salvar la vida. Salieron varios. Y el resto, dijo Beatriz, yo me voy a quedar con ustedes. Aquí vamos a esperar. Roguemos a Dios que no vayan a masacrar, y si nos tocó, bienvenida sea la muerte.
“Es tremendo. Es tremendo despedirse de la mujer y los hijos.
“Los que se van conmigo, llevémos un machete, una churumba con agua y vámonos.
“El ejército le había dado fuego a los cerros. Eran pedreros quemados, pelados. Pero había unas piedras grandes. Nos salimos del grupo como a las doce de la noche. Iban jóvenes y señores, que no tenían el valor que los capturara el ejército.
“No les voy a garantizar que nos vamos a defender, les dije, pero hay que hacerle huevo, hay que hacer la diligencia. Nos vamos a quedar a medio de esa loma. El ejército está arriba. El ejército va a pasar aquí abajo. El ejército va a llegar donde están las familias, porque así se desplegaban. Nosotros nos vamos a quedar en ese pedrero quemado. Como el ejército no va a ver nada, van a pasar. Lo que vamos a hacer es que cada quien cortemos un tercio de chiriviscos secos y chinguaste, de ese monte seco, y yo iba ubicando a la gente. Cuando vengan a ser las cuatro de la mañana usted esté aterrado, acostadito o sentado, como pueda y el montón de chirivisco así enfrente. Aterramos a todos. Y también les dije que nadie se vaya a correr si oyen balazos, aunque se asusten, no se muevan de aquí. Porque el ejército así es: va avanzando, rueda piedras, tira balazos, hacen gritolera. A las siete de la mañana yo estaba como que era tacuazín entre dos piedras, viendo.
“A las siete de la mañana eran los primeros balazos, era la primera señal de avance de la tropa y la gritolera. Iban rumbo donde estaban las familias. Arriba en el cerro gritaban. Sinceramente, no sentimos sol, no sentimos sed, no tomamos agua todo el día. Allí está mi suegro que le puede decir la realidad, no me dejará mentir. Es tremendo le digo”.Otros medios
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