
David Escobar Galindo, firmante de los Acuerdos de Paz, destaca en esta entrevista la labor del ex presidente, entre otras muchas cosas
Por Fernando de Dios
Foto: Luis Velásquez
SAN SALVADOR – El escritor y académico David Escobar Galindo fue como un oasis entre guerreros y políticos durante la negociación de los Acuerdos de Paz que terminaron con la guerra de El Salvador hace 20 años.
Él formaba parte de la comisión que integró el entonces presidente Alfredo Cristiani en representación del gobierno de El Salvador, una comisión que según cuenta no le fue fácil organizar al mandatario.
Su visión de todo ese proceso y de su resultado es hoy muy positiva, casi hasta romántica.
Afirma que durante las reuniones, nunca hubo una sola palabra o grito o insulto. También que terminó siendo amigo y colaborador de los negociadores del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).
Hoy la vida política nacional adolece en su opinión del espíritu realista y constructivo que presidió aquel proceso.
¿Cómo llegó usted a formar parte de la comisión gubernamental de negociación de los Acuerdos de Paz?
Yo comencé a relacionarme con el presidente Cristiani, él era candidato. Había un amigo común y él me sugirió que visitara al entonces candidato para darle temas de educación, porque ese amigo estaba muy relacionado con la universidad. Entonces yo visité al presidente Cristiani y comenzamos hablar de esos temas. En la plática empezamos a hablar del tema nacional, de la realidad que vivíamos en aquel momento, y así fue como comenzamos a intercambiar opiniones, digámosle así. Después cuando él fue ya elegido, me llamó un día para que siguiéramos conversando al respecto y para ver qué propuesta inicial tendría que hacer el nuevo presidente, y después ya me incorporó a su comisión. Al principio, porque le costó configurarla,
Si como usted publicó hace poco en una columna de opinión, el proceso de formación de esa comisión fue dificultoso. ¿Por qué?
Yo me imagino, prácticamente estoy seguro, que muchas personas no tenían mucha fe de que era una oferta sería, de que por esa vía se podía resolver el conflicto; y pues no se quería exponer. Trató de hacer una comisión formada con figuras muy relevantes del país y no fue posible, figuras muy establecidas, del mundo político, del mundo académico. Después trató de hacerlo con representantes de partido político y tampoco se pudo. Al final optó por configurar una comisión en que hubiera algunos ministros de su gobierno y algunas personas que no tuvieran vinculación directa con el gobierno, yo era uno de ellos. Así pues, ya en julio del año 89, prácticamente se configuró, ya en agosto estaba configurada la comisión y se empezaron hacer las gestiones, que la comisión se reuniera con el FMLN,
¿Podría describir la primera vez que se reunieron con la comandancia del FMLN?
Fue el 13 de septiembre de 1989, en Ciudad de México, y el gobierno de México ofreció la hospitalidad, el gobierno había firmado en 1981 la declaración franco-mexicana, o sea, que México estaba más cerca del grupo guerrillero que del gobierno, evidentemente. Pero ellos hicieron este esfuerzo importante y nos reunimos en la mañana del 13 de septiembre en las instalaciones del Seguro Social en San Gerónimo en la Ciudad de México, y estuvimos reunidos del 13 de septiembre al 15 de septiembre, en que se suscribió el primer acuerdo,
El primer asentamiento de agenda...
Sí, digamos como algunos conceptos básicos, podría ser una agenda o un mecanismo de trabajo. El acuerdo de México tiene algunos conceptos básicos importantes, que después se retomaron en el curso de la negociación posterior para profundizarlo ya en plan de establecer un procedimiento más concreto.
Cuando llegan y se ponen enfrente me imagino estarían los comandantes del FMLN…
Había algunos comandantes del FMNL y estaba la comisión del gobierno que en ese momento la constituíamos cinco personas.
Y de ahí había uno por cada organización del Frente.
Sí, el Frente tenía una comisión de los cinco comandantes, pero como ellos no podían estar siempre reuniéndose, tenían dos comandantes por cada agrupación, o sea, que realmente eran diez y ahí se turnaban, nunca estaban todos; salvo tres que siempre estuvieron que eran Shafick, Ana Guadalupe Martínez y Salvador Samayoa, con los cuales constituimos el llamado grupo de trabajo, que realmente es el que trabajó en la negociaciones. Éramos seis personas, tres del gobierno y tres del FMNL,
¿Cuál era el ambiente que se vivía en esa primera reunión que estuvieron cara a cara?
Estábamos ahí en San Gerónimo esa mañana, recuerdo, y siempre fue un ambiente en primer lugar muy respetuoso y en segundo lugar muy abierto, a pesar de que era la primera vez que nos veíamos las caras. Era un ambiente tan tenso porque la guerra continuaba en el terreno, las calles. Yo personalmente estaba sentado frente a frente en ese momento con personas que habían secuestrado personalmente a mi padre, pero empezamos a trabajar y así se instaló la negociación.
Eso fue el 13 de septiembre, por lo que se llega a un acuerdo y menos de un mes después empieza la ofensiva “Hasta el Tope”.
Sí una ofensiva que evidentemente venía siendo preparada ya hacía tiempo, porque una ofensiva de esa envergadura, de esa dimensión, no se puede improvisar. Ellos venían haciendo un esfuerzo, no sé exactamente, pero al menos de un año. Tenían un documento que se llamaba el Plan Fuego, o sea, del pueblo principalmente y pues ellos venía preparando. Hay una cosa que es importante decir; cuando ganó el presidente Cristiani la elección en marzo y sobre todo cuando tomó posesión, lo lógico, entre la lógica elemental que uno asume es que el partido ARENA y su gobierno, que era la primera vez que asumía la Presidencia, ofreciera más guerra, y lo que hizo fue ofrecer una negociación, un proceso de entendimiento político.
Bueno, hay quien dice que Cristiani tenía bastante claro, por un lado, que había que negociar para terminar la guerra, que militarmente era difícil terminar con ella, y por otro lado, que tenía un proyecto de desarrollo del país que era incompatible con la propia guerra. ¿Usted percibe que eso era así o que tenía alguna otra razón?
Bueno, yo creo que él realmente estaba convencido, porque yo hablé mucho de eso con él, que la solución política era la que había que empujar, que era la única que tenía posibilidades de llegar a buen fin. A mí no me cabe duda en el caso de Cristiani.
¿Con qué propuesta llegaban ustedes a negociar del lado gubernamental? Roberto Cañas nos dijo que desde el punto de vista las propuestas, todas las llevaba el FMLN.
Nosotros íbamos en esta actitud; en primer lugar acordar un procedimiento para la negociación. El FMLN ya en la primera negociación hizo una propuesta de fondo, pero no había un mecanismo para tratar aquello, nosotros nos comprometidos a llevar una respuesta en la siguiente reunión, que fue la de San José y pues no fue una respuesta que a ellos les pareció satisfactoria, por supuesto. Al principio eso es natural y es que crearon un espacio claro para la negociación, un espacio de procedimiento. Lo que ocurre, y eso es también natural, es que en una negociación las dos partes no están en la misma situación, digamos. El FMLN había sido como el ponente de la guerra y ellos podían decir cualquier cosa, en cambio el gobierno era el encargado de la institucionalidad, de conducir la institucionalidad. Para el gobierno cualquier cosa que dijera era un compromiso formal, entonces la idea era esa; propongan cosas, vamos a ver. Nosotros sabíamos hasta dónde podíamos llegar.
¿Cuáles eran esas líneas rojas que ustedes tenían?
La primera era que de las negociaciones no podía surgir un reparto del poder, y la segunda que de la negociación tenían que salir una serie de compromisos que estuvieran enmarcados dentro de la Constitución. Esos eran los dos parámetros fundamentales. Por supuesto el FMLN no tenía esas limitaciones. Entonces nosotros empezamos a oír lo que ellos proponían, a procesarlo en conjunto con ellos hasta donde podíamos llegar y hasta donde era factible. Además, para cumplir lo que considerábamos el punto fundamental del proceso, en primer lugar terminar con el conflicto armado, sin que hubiera un reparto de poder en la mesa, porque eso no era compatible con la legalidad. Pero sí se podía, y eso se logró hacer, las reformas constitucionales, planteárselas a la Asamblea para que se diera lo que debiera ser un escenario político en El Salvador que no existía.
Para crear un escenario democrático, que estaba en los papeles, pero no en la práctica.
Sobre todo para algo que era muy importante y que resultó además, y era cómo reubicar a los dos actores principales de la guerra en el terreno, que eran que eran fuerzas militares; cómo hacer para que la Fuerza Armada volviera a su rol constitucional y dejara de ser un factor de gestión de sistema político, porque la Fuerza Armada por muchos años había ejercido la gerencia del sistema político totalmente antinatural. Y por otro lado para que el FMLN dejara las armas y se convirtiera en lo que realmente era; una fuerza política en la legalidad. Esas dos cosas se buscaron en los Acuerdos de Paz, de eso se trataba.
Por ejemplo, se logró reubicar a muchos excombatientes con la creación de la Policía Nacional Civil.
La policía tenía un componente importante, porque por mucho tiempo las policías como institución habían pertenecido a la Fuerza Armada y se había convertido en un instrumento para el control poblacional desde el punto de vista político, y esa tampoco es la función de ninguna policía. Había que reubicar a la policía dentro del rol que le corresponde dentro de un esquema democrático normal, por eso se creó la Policía Nacional Civil.
Lo que sí que se estaba haciendo claramente era quitar poder a la Fuerza Armada. ¿Sentían ustedes, componentes de la comisión gubernamental, la presión del Ejército?
Es un tema que estaba ahí y es natural que estuviera ahí. Lo manejó con una habilidad impecable el presidente Cristiani. El presidente Cristiani fue llevando a la Fuerza Armada a que aceptara todo lo que resultó de la negociación. Había otros factores de orden objetivo que iban influyendo, me imagino que pasaba lo mismo en el FMLN, por una razón muy natural y lógica; nadie va a una guerra a terminar en un acuerdo de paz en una mesa.
Bueno, evidentemente el FMNL su sueño era entrar victorioso en San Salvador, como los sandinistas en Managua.
Pero además de eso, lo que se llama en esa época la toma del poder, y en el acuerdo de paz no se podía dar esa figura. El acuerdo de paz a lo que podía llegar, y es a lo que llegó, es a legalizar al FMNL, a lo cual tenía todo el derecho como fuerza política.
Abrir el espectro político, dar esa libertad de participación que era una de las causas de la guerra, la exclusión política.
Y además de eso había incluso históricamente impedimentos constitucionales, porque la Constitución de El Salvador se decía que no se podían legalizar grupos que eran anárquicos o contrarios a la democracia; son conceptos así, que uno sabe a qué se refieren. Entonces había que superar todo aquello y normalizar el escenario político y que ahí estuvieran todas las fuerzas, independientemente de sus ideologías, sus pensamientos. Lo que no se podía era que eso lo hiciera una fuerza en armas, por eso lo que se debía hacer era que el FMNL se desarmara, para que pasara a cumplir el rol histórico que le corresponde.
Pero bueno, como decíamos, también la Fuerza Armada tenía que pasar a un segundo plano.
Al plano propio, que evidentemente era mucho menos atractivo al anterior, donde había un ejercicio del poder muy directo, de poder político.
Y usted dice que fue Cristiani quien tuvo que lidiar con eso.
Yo lo viví personalmente, porque lo vi directamente, lo manejó además con mucha habilidad, nunca chocó con ellos, él lo fue llevando, los iba empujando.
¿Cuáles eran los temas que estaban más vivos en la mesa de negociación?
En primer lugar, el rol de la Fuerza Armada, ése era muy importante. Y el otro era cómo hacer la traslación del FMLN de ser un guerrilla en armas a ser un partido político. Fíjese usted que nosotros acordamos que el FMLN se convirtiera en partido político por decreto, justamente para sortear un posible peligro y es que el FMLN hubiera podido decir, mire yo me quiero quedar convertido en fuerza social. De lo que se trataba era que ellos fueran un sujeto político para la competencia que tiene que haber en una sociedad democrática.
¿Cómo vio la articulación de la comisión del Frente, ya que era un grupo heterogéneo? ¿Llegó a ver en esas sesiones de negociación disensiones entre ellos?
A lo largo de aquel proceso era notorio, porque uno percibe cosas, que a ellos les costaba ponerse de acuerdo, porque eran cinco grupos diferentes. Pero tuvieron la disciplina, también hay que decirlo, de que eso nunca se convirtió en un tema de la mesa. A veces se notaban ciertos moretones, pero eso no se convirtió en un tema dentro de la mesa, y tampoco el gobierno en ningún momento trató de sacar ventaja de posibles divisiones y decir voy a ver si hago algo con éstos y no con aquéllos, algo muy importante. Si uno empieza con eso arruina el proceso.
Lo pinta usted todo muy bonito.
Lo que hay que ver son los resultados progresivos. Mire, nosotros hicimos la agenda de la negociación en un lugar cerca de Caracas, en mayo del año 90, y comenzamos a tratar ya los temas de la agenda en México, en las sesiones siguientes. Y el primer tema de la agenda fue la Fuerza Armada. Entonces, en México, dijo el intermediador, que cada una de las partes presente su posición de la Fuerza Armada y cuando el intermediador lo comparó dijo que habían más similitudes que diferencias. Las dos partes se asustaron, lógicamente, a veces la similitudes asustan. Entonces dejamos el tema y empezamos, como era natural, no había que empezar en ese tema, tenía que ser de los últimos, empezamos por el tema de derechos humanos. El acuerdo de derechos humanos lo firmamos el 26 de julio del año 90 en Costa Rica.
Después llegaron al tema de Fuerza Armada, que fue el tema que más tiempo llevó ponerse de acuerdo.
Lo que pasa que es que ahí es donde surgían ciertos símbolos. Por ejemplo, el FMLN inmediatamente sacó el tema de permanencia de la Fuerza Armada, que era un tema muy sensible para la Fuerza Armada y para ellos también. Pero eso es porque uno entiende, no son las estrategias, sino las imágenes que cada parte tiene que dar eso es lógico también.
¿Siempre mantuvo el Frente el planteamiento de prescindir del Ejército en El Salvador?
Digamos que lo sostuvo. Yo siempre pensé que eso no iba ser un obstáculo que iba frustrar el proceso. Al final de cuentas no hubo un obstáculo que frustrara el proceso.
Llegó a buen término...
Y a condiciones muy satisfactorias que ambas partes pudieron venderle a su gente, que es muy importantes, porque una vez que se firmó los Acuerdos de Paz, no hubo rebelión en ninguna de las dos partes, no hubo grupos que dijeran yo no estoy de acuerdo, me salgo, yo sigo en la lucha amada. ¡Si después del 16 de enero no hubo un solo balazo de la guerra!
¿Ya estaban las partes exhaustas?
No, bueno hay cosas que ciertamente hay que decir, en primer lugar, que ninguna de las dos partes logró que un contingente de la población lo apoyara hasta el punto de hacerle ganar militarmente. Más bien creo que la población se fue apartando de la guerra.
De repente usted encuentra dos fenómenos; en primer lugar, internamente la guerra se va quedando sola y externamente también. Hay una serie de acontecimientos en el año 89 que van dejando sola a la guerra. Gana George Bush padre la Presidencia, que evidentemente era menos reacio a una solución política que Ronald Reagan; después se frustra una propuesta del FMLN, que a mí siempre me pareció una propuesta muy aventurada, a Dios gracias no aceptaron esto, y era participar en las elecciones de ese año con unas cuantas condiciones, y eso no se podía, eso no era solución real; en mayo vienen los fenómenos de China, de la plaza de Tiananmen. Después viene todo el proceso de la Unión Soviética y de sus aliados en Europa de este, y en febrero del 90 pierden los sandinistas las elecciones. Entonces había una serie, que uno dice, bueno, o es una casualidad histórica muy grande o la providencia puso su mano. Yo no sé cuál de las dos cosas pudo ser.
Los procesos históricos que así son. Los hechos en la Unión Soviética y Nicaragua le hicieron daño a la posición del FMLN. Pero quisiera que usted me explicara cuál fue el cambio de Estado Unidos con respecto al gobierno de El Salvador y la Fuerza Armada.
Yo creo que hay que ver el proceso social de esta forma: en el año 89 se empezó a desmontar toda la maquinaria artificiosa de la guerra fría, nosotros éramos un punto de pie de página de la agenda de las superpotencias.
Sí, pero el gasto militar de Estados Unidos era importante.
Sí pero esta un punto ahí, una vez cuando eso se empieza a desarticular tampoco tenía sentido. Y un hecho muy importante que hay que decir, que a pesar que se cayó el campo socialista y de que los sandinistas perdieran las elecciones, el FMLN no se debilitó. Yo tenía mucha angustia de que se pudiera debilitar; ¿qué hace usted con un débil? ¿Qué negocia usted con un débil? Usted solo puede negociar con los fuertes.
¿Produjo algún cambio de actitud del gobierno de Estado Unidos el asesinato de los jesuitas?
Es posible que sí, pero sobre todo creo que debilitó muchísimo a la Fuerza Armada. De la ofensiva “Hasta el Tope” del año 89 las dos fuerzas militares salieron debilitadas. El FMLN porque no pudo hacer una insurrección popular, no es por hacer un gesto muy dramático, pero no logró hacer una insurrección popular. La Fuerza Armada tampoco pudo doblegar al FMLN aquí en San Salvador, y además el asesinato de los padres jesuitas les quito toda la fuerza moral de aquel momento.
Todos esos son factores que al sumarlos abren el espacio, porque cuando regresamos a la negociación las tratativas para llegar a la mesa comenzaron en diciembre, los presidentes centroamericanos, después Naciones Unidas, nos reunimos en marzo una pequeña comisión del FMLN y el gobierno en México, en una sesión reservada para negociar lo que fue el Acuerdo de Ginebra el 4 de abril y ahí comenzó todo de una manera más normal.
Parece inverosímil pero así fue.
¿Quién era el negociador más duro del Frente?
Pues mire, en eso es difícil decir. Yo no sé quién era el más duro, la verdad. E
l grupo de trabajo éramos seis personas que le decía; Shafick, Ana Guadalupe y Salvador Samayoa del Frente; Oscar Santamaría, Mauricio Vargas y yo del gobierno. Y es que ahí no había un proceso de desgaste, de choque, no, había por supuesto posiciones, había debate, pero no era sobre la base de la dureza. En esa negociación, yo lo repito siempre porque es una de las cosas que hay que decir, nunca hubo un grito, nunca hubo un insulto, nunca hubo un desplante, había unos pequeños gestos que se podían desmontar de una manera muy fácil, tampoco somos tan salvajes como queremos creer que somos.
¿No había tanta pasión como se puede pensar?
Había pasión, pero quizá toda la circunstancia hacía que la pasión no generara incendios.
Imagino que incluso se hizo amigo de alguno de ellos.
Sí, de casi todos. Lo que pasa es que algunos de no llegaban mucho, pero sí muy amigo de Shafick; yo a Shafick lo respetaba muchísimo, después lo seguí visitando en su casa, me hablaba con mucha franqueza y yo le tenía mucho aprecio. Con Salvador Samayoa, Guadalupe, Eduardo Sánchez, que además es poeta, hicimos un libro juntos después.
Hubo más reconciliación ahí que en el mundo político.
Sí, lo que pasa que en la política competitiva es muy complicada.
Usted me habla de ese ambiente y uno entiende que en ese momento se fue pragmático y se pusieron de acuerdo para terminar, pero después la guerra ha sido una de las constantes en la confrontación política, incluso los discursos de los dos principales partidos se dice que aún no salieron de la Guerra Fría en algunos casos. ¿Usted cree que eso es puro juego político o que hay gente que se quedó ahí?
¿Y donde no?
Hay países y países, y cada uno...
Yo no soy político, nunca he pertenecido a un partido político, no lo conozco eso desde adentro, pero el problema es que la competencia política, yo no sé si los obliga o los impulsa a estar en ese constante espadero. Alguien me ha preguntado, bueno ¿y usted por qué no se ha metido nunca en un partido político? Porque para mí sería muy violento, no por cuestión ideológica, pero cuando uno entra a un partido político tiene que empezar a decir que todo lo que hace su partido es bueno y todo lo que hace su adversario es malo y eso siempre es una fantasía, y fantasía generalmente perversa, este tipo de presión interna. Entonces ¿para qué entrar ahí?
En la columna de opinión que usted publicó recientemente decía que había dos pilares de aquel proceso que eran el realismo y la voluntad de llegar a un acuerdo y que es lo que hoy precisamente esta faltando.
Está faltando casi totalmente y es porque además se sigue percibiendo que entenderse es debilidad y chocar es fortaleza. Es una especie de ficción de la cual es muy difícil salir. Y como además hay elecciones con tanta frecuencia, ellos están constantemente en función electoral. Cualquier cosa que se haga de acercarse al otro siempre su gente va empezar a señalarlos, y ahí vienen los problemas. Cada partido político tiene su ala radical y su gente dura y a ningún partido político se le hace fácil, realmente temen mucho quedar mal con su ala dura, porque es la más demandante, cuestionadora, la más reclamadora. Todo eso incide, pero de que se puede se puede.
También hay que entender que los tiempos políticos son siempre muy cortos y hay que aprovechar los espacios. Yo pienso por ejemplo que entre el año 2009 y el año 2012 había tres años que es un tiempo relativamente largo para lo que es el calendario político y que desgraciadamente no se ha aprovechado en esa dirección.
Sí, pero quizá la propia división de la derecha parlamentaria quizá lo ha impedido, eso fue un gran terremoto para la derecha.
Pero es justamente por no saber encajar la lógica de la democracia.
En ese sentido, ¿cómo ve usted a la derecha hoy día en El Salvador, que tras 20 años en el poder se divide? ¿Cómo ve el presente y del futuro de la derecha?
Yo lo veo en varios escenarios. En primer lugar yo veo que la población, la ciudadanía y el electorado le sigue apostando a dos fuerzas importantes que compiten entre sí, digamos que no son bipartidismo pleno pero que camina hacia ahí, independientemente de los meritos de cada quien. Porque de repente oigo yo, aumenté mi proyección de votos, pero no es por los méritos, es porque la gente quiere mantener ese equilibrio de sujetos y eso hay que tenerlo en cuenta. Y si uno no lo mira así se equivoca.
También hay un fenómeno que deberíamos asimilar y procesar y tener en cuenta que en la democracia lo natural no es la permanencia, sino la alternancia. La permanencia estimula más bien los vicios no las virtudes; yo creo que para el partido ARENA permanecer 20 años es una cosa más bien negativa, yo esperaría que aquí entremos en una dinámica de altura, de alternancias mucho más rápidas.
La política nadie la aprende en el colegio ni en la academia; se aprende viviendo y creo que el ejercicio de la alternancia es muy educativo, porque le dice, usted va estar cinco años y después viene otro. Eso es ya disuasivo. No es lo mismo cuando uno está ahí pensando que va ser eterno que cuando uno sabe que mañana se va y que no pasa nada.
¿Cree por ejemplo que se podría debatir sobre la posibilidad de la reelección presidencial en este momento, para que el presidente tenga que rendir cuentas de alguna manera ante sus electores?
Yo creo que antes de llegar a eso en El Salvador necesitaríamos un periodo de alternancias más inmediatas para aprender un poco que en la democracia ni el que gana lo gana todo ni el que pierde lo pierde todo; y que la democracia tampoco el concepto apocalíptico es real. Mire usted la campaña electoral de 2009, había una serie de imágenes apocalípticas que verdaderamente daban miedo, si gana el frente todo se hunde, y no ha pasado porque la realidad también tiene sus razones.
Volviendo un poco a la derecha, después de esa división se vuelve hablar de una figura que pueda aunar el voto de derecha para las próximas presidenciales. ¿Cómo ve usted la posibilidad de que se postule el ex presidente Saca? Hay quien lo está empujado y a veces se empuja él a sí mismo.
Evidentemente cada persona tiene su proyecto personal, su proyecto propio. Yo creo que aquí lo que más convencería al electorado es el proyecto, no tanto la persona, sinceramente, porque también la sociedad va evolucionando. Yo siento que los partidos no se disponen ni se deciden a hacer propuestas diferentes a lo que han venido diciendo por mucho tiempo, eso puede tener muchas causas, muchas motivaciones pero yo creo que el que lo haga va tener claramente muchas ventajas. Eso creo que es lo más importante en este momento.
¿Diría que la alternancia en el poder que se produjo en 2009 cerró el círculo de la transición, de la posguerra?
Yo creo que cierra una etapa, pero claro, el proceso continúa. Cierra una etapa porque produce un fenómeno natural que en el ambiente parecía antinatural y apocalíptico. Yo creo que eso es verdaderamente sano para el proceso, independientemente de los juicios que uno puede hacer de lo que hace el gobierno, sobre lo que no hace, su relación con el FMLN, si el FMLN le va sacar factura o no. Independientemente de todo eso, el hecho en sí es que es muy sano y ojalá que sigamos en esa línea, y que claro, a estas alturas, después de lo que ha pasado, ya es muy difícil que venga alguien y empiece a decir, mire se cambia de partido y el país se hunde; ya no tiene sentido, ya es una imagen que ya no puede funcionar.
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