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Noticias de El Salvador - ContraPunto

Mayo 17 / 2012

Las encuestas como parte de la campaña electoral

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Luis Armando González (*)  

SANTA TECLA - Ya es costumbre, en nuestro país y en otros, que en el marco de procesos electorales importantes instancias mediáticas y partidarias se lancen a la realización de encuestas de opinión con la finalidad de influir en la decisión que los ciudadanos tomarán el día de la votación efectiva.

Para estas instancias, el afán de conocer tendencias electorales es secundario respecto del propósito de lograr que el “ganador”  (partido o candidato) en la encuesta respectiva se convierta en la carta preferida de los ciudadanos.

El uso publicitario que se hace de los resultados de dichos sondeos confirma la sospecha sobre la finalidad extracientífica que los anima.

Inmediatamente después de procesados los datos, el candidato y el partido con los mayores porcentajes de preferencia ciudadana son presentados como los ganadores, dando por supuesto que las tendencias previstas por las encuestas se cumplirán irremediablemente.

En un hábil juego de imágenes y discursos –en los que son protagonistas analistas, comentaristas, periodistas y publicistas—  se crea en la imaginación popular la ilusión de que, antes de la votación, ya hay ganadores y perdedores.

Y eso se hace repitiendo hasta la saciedad que en tal o cual encuesta tal o cual partido o candidato han resultado ganadores; para luego dar el salto (ilógico e irreal) hacia la afirmación indiscutible de que tal o cual candidato o partido serán los triunfadores en las elecciones.

En El Salvador, ARENA –y sus aliados en distintos ámbitos mediáticos— ha llegado a dominar con bastante habilidad la estrategia de convertir a sus candidatos (y en convertir al partido mismo) en ganadores antes de las elecciones. Distintas encuestas le han servido, en distintas coyunturas electorales, para, desde un soporte “neutral” y “objetivo”, dotar a sus candidatos de un aura ganadora de cara a los ciudadanos.

En estos momentos, técnicamente, quizás las encuestas –a partir de la muestra a la que se ha entrevistado—  revelen preferencias ciudadanas por ARENA y sus candidatos.

Pero no se tiene que olvidar la palabra “muestra”: es una porción del universo posible de votantes, a la cual se consulta en un momento determinado sobre sus creencias, opciones, simpatías y preferencias.

La validez estadística de las conclusiones –generalizaciones—  que se obtienen a partir de esa muestra no sólo son probabilísticas (“es probable que si la muestra tiene este atributo, el mismo sea compartido por el universo del que se ha tomado esa muestra”), sino también del rigor con el que aquélla se seleccionó, del tipo de preguntas que se hacen y obviamente de su procesamiento. 

Cada institución encuestadora es responsable de la seriedad y del rigor con el que cumple (o no) las exigencias técnicas de un sondeo de opinión.  Y cada una cumple como puede, según sus recursos materiales y humanos, con esas exigencias.

Sin embargo, lo que no está permitido –desde las exigencias mencionadas— es dar el salto de la probabilidad hacia la realidad efectiva. Porque, en efecto, que una determinada muestra poblacional ofrezca ciertas opiniones políticas –que ponderadas estadísticamente dan lugar a determinados porcentajes— no quiere decir que en la población total esas opiniones se repliquen de manera idéntica a como sucede en la muestra.

En la misma línea, que una muestra permita ver como probable un determinado comportamiento político no quiere decir que la población total se comportará indefectiblemente de la manera que se ha calculado como probable para una muestra.

Puede que así  suceda, pero también puede que no: entre una cosa y otra median distintos factores –que llevan a la gente a comportarse efectivamente de determinada manera—, entre los cuales los resultados de las encuestas suelen estar presentes.

No hay que engañarse: cuando algunos sondeos dan por ganador a un partido o candidato lo que buscan es influir en el comportamiento de los ciudadanos a la hora votar.

Es el mismo principio que siguen los publicistas que quieren hacer que las amas de casa consuman una marca de detergente en particular: presentan unspot en el que se pregunta a varias amas de casa sobre sus preferencias de detergentes y ellas responden que prefieren la marca promovida por los publicistas. Su tesis es que es que la “preferencia” de las amas de casa delspot llevará a las amas de casa reales a elegir, entre toda la gama de detergentes, el preferido por aquéllas. 

Es tal la confianza que los publicistas de la política tienen en su trabajo que creen que insistiendo en las “preferencias”  ciudadanas recogidas en una encuesta lograrán que esas preferencias sean compartidas por quienes no han sido encuestados y, en lo que importa, lleven a estos últimos a elegir al candidato y partido promocionados por ellos.  Se olvidan de algo importante: la capacidad de los ciudadanos para no dejarse embaucar por quienes los ven como meros consumidores de marcas.

(*) Columnista de ContraPunto

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