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Noticias de El Salvador - ContraPunto

Mayo 17 / 2012

Formación docente: algo bueno para el país

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Luis Armando González (*)   

SAN SALVADOR - En nuestro país las malas noticias son lo más normal del mundo; son parte de la cotidianidad de los salvadoreños. Los medios de comunicación abundan en lo mal que estamos; las experiencias de todos los días de la gente están marcadas por sinsabores y riesgos der todo tipo.  A juzgar por lo que se lee en los periódicos, se ve en la televisión o se vive en las calles, El Salvador no tiene viabilidad alguna como proyecto de convivencia social.

Sin embargo, no todo es sombrío. De  vez en cuando hay señales esperanzadoras de que no todo está perdido; de vez en cuando hay señales que ponen de manifiesto valores como el compromiso social, la voluntad de servicio, la responsabilidad y la solidaridad.

Esas señales muchas veces no se ven ante el abrumador peso de lo negativo y por la atención que reciben, desde los medios de comunicación más poderosos, lo inhumano , violento y bajo de las personas. Lo bueno y noble –lo que humaniza— no suele tener buena prensa; sí la tiene lo chusco y vil.

Pero –insistimos—  lo bueno y noble no están muertos en El Salvador.  Están presentes, por ejemplo, en un amplio sector del magisterio salvadoreño que está  empeñado no sólo en atender integralmente a sus alumnos, sino en mejorar sus capacidades teóricas y metodológicas mediante procesos de actualización y capacitación. Precisamente, este empeño –que es expresión de un enorme compromiso con la educación— ha quedado de manifiesto en el proceso formativo que 1,604 maestros de educación media iniciaron en noviembre de 2009 y que finalizó en diciembre de 2011.

El sábado 11 de febrero recién pasado se realizó una primera jornada de clausura con la entrega de diplomas, en la sede central de la Escuela Superior de Maestros (ESMA), ubicadas en Santa Tecla.  El domingo 12 se continuó con las jornadas de clausura siempre en la ESMA-Sede Central, mismas que finalizarán los días 18 (ESMA-Santa Ana) y 25 de febrero (ESMA-San Miguel).

A lo largo de esos dos años, esos maestros dedicaron su tiempo de descanso para fortalecer sus competencias teóricas y metodológicas, cumpliendo con las exigencias de cursos de alto nivel –impartidos en las especialidades de matemáticas, ciencias sociales, física, lenguaje y literatura, biología y química—, orientados a  actualizar y refrescar sus conocimientos.

Los maestros participaron voluntariamente. Los únicos incentivos fueron los conocimientos y metodologías impartidos y el reconocimiento ministerial de la formación recibida. A cambio de eso, 1,604 maestros se metieron de lleno, con entusiasmo, dedicación y disciplina, en un proceso formativo de dos años. 

En una sociedad “normal” un proceso formativo de dos años para docentes en servicio seguramente no merece mayor atención; seguramente, es parte de su normalidad. 

En un país como el nuestro, en el cual lo normal es la búsqueda de lo fácil, la renuncia al compromiso social y la creencia de que nada debe hacerse gratis, que más de mil maestros se hayan sometido a un proceso de formación que les exigió esfuerzos y desvelos no debería pasar desapercibido y, más bien al contrario, debería resaltarse en lo que vale.

No es sólo que la formación que ellos han recibido es algo bueno para el país. Obviamente que sí: una de las grandes debilidades del sistema educativo nacional es la baja profesionalización docente, la cual guarda una estrecha relación con una débil formación académica en los distintos campos del saber.

No hay que engañarse: para enfrentar los múltiples desafíos del mundo de hoy, los sistemas educativos necesitan cuerpos docentes con una muy buena cualificación científica y un enorme compromiso ético con su realidad.

Promover esa cualificación  –tal como está haciendo el Ministerio de Educación, a través de la Escuela Superior de Maestros— es algo bueno para El Salvador.  Pero  también es algo bueno para el país la dedicación de los maestros durante los dos años que duró su formación. Y es algo bueno no sólo porque darán su aporte al sistema educativo, sino también porque ellos constituyen un ejemplo positivo para sus compañeros docentes y para la sociedad en su conjunto.

¿Ejemplo de qué? Ejemplo de entrega, dedicación, esmero, voluntad de trabajo y compromiso con la educación y, más en concreto, con sus alumnos y alumnas. El esmero con el que se involucraron en su formación –y la emoción con la que recibieron sus diplomas— son una luz al final del túnel oscuro de la apatía y la falta de compromiso que caracteriza a nuestra sociedad en estos momentos.

Esos maestros lo hacen creer a uno que en El Salvador no todo está perdido, que hay esperanza, que se puede contar con otros para proyectos colectivos que humanicen a nuestro país. Sin reparo alguno, se puede decir en voz alta, con Mercedes Sosa, “quién dijo que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón”.

Con el sector crítico de los maestros salvadoreños –y la mayoría de los que participaron en el postgrado de formación 2009-2011 son parte de ese sector crítico—  no todo está perdido. 

En 2012 se iniciará  un segundo curso de formación superior que atenderá, desde la ESMA, a 1,000 maestros de educación media. Asimismo, se concluirá el curso de formación superior –iniciado en 2010— para unos 1,700 maestros de tercer ciclo que finalizará en diciembre de este año. Son buenas noticias para El Salvador. Y lo son porque el fruto de todo esto será una elevación de la calidad educativa y una mejor atención a nuestros jóvenes.  

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