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Noticias de El Salvador - ContraPunto

Mayo 17 / 2012

El FMLN como partido de gobierno

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Luis Armando González (*)  

SAN SALVADOR-En estos momentos, desde distintos sectores del país –algunos abiertamente de derecha y otros más asolapados—  hay una campaña denigratoria en contra del FMLN y del gobierno del presidente Mauricio Funes. Desde posturas abiertamente recalcitrantes, no sólo se acusa al gobierno de Funes y al FMLN del descalabro en el que se encuentra el país, sino que se niega de la manera más rotunda que haya algo positivo en la actual gestión gubernamental. Es tal la cerrazón mental de esos sectores que con sólo mencionar los 20 años de gestiones de derecha hacen que se les revuelvan sus odios. Su malestar es mayor si se insinúa que en la actual gestión de gobierno hay logros importantes, pese al poco tiempo transcurrido y a los magros recursos con los que se ha contado.

En la mira de los más agresivos está, obviamente, el FMLN, partido en el cual no sólo ven maldad, sino una franca vocación antidemocrática. Pues bien, por más que se solivianten los ánimos de los detractores del FMLN en la siguiente reflexión –que es parte de un artículo preparado para la Revista Nueva Sociedad— se sostiene que el FMLN es un partido comprometido con la democracia.

Y para comenzar se tiene que decir que para quebrar la hegemonía de la derecha, tejida a partir de componentes económicos, políticos y mediáticos bien entrelazados, el FMLN tenía que ser innovador en la fórmula política que le permitiera ampliar su base electoral.

Las diferentes elecciones en las que el partido participó desde 1994 le habían permitido acumular un caudal electoral nada despreciable, suficiente para tener un peso importante en la Asamblea Legislativa y para controlar un número significativo de alcaldías, pero insuficiente para acceder a la presidencia.

La elección de 2009 era una prueba de fuego para el partido, pues tenía que enfrentar el dilema de continuar siendo segundo –permitiendo que ARENA gobernara por un quinto período consecutivo– o prepararse a fondo para llegar a la presidencia de la República.

Desde 2000, con el mandato de Francisco Flores (1999-2004) las condiciones del país, sin haber cambiado sustancialmente para abrir las puertas automáticamente al arribo de un gobierno de izquierda, se habían deteriorado sensiblemente en lo económico y social, golpeando severamente a las clases medias.

Bajo el gobierno de Elías Antonio Saca (2004-2009) esas condiciones empeoraron. Con una propuesta política creativa, era posible prever que el FMLN podía sumar a su caudal electoral firme los votos adicionales para ser el ganador en las elecciones de 2009, no sólo por un castigo a ARENA, sino por presentar una propuesta que positivamente fuera aceptada por sectores sociales que hasta entonces habían recelado del proyecto de izquierda representado por el FMLN. Es decir, el desafío del FMLN era ser no un mal menor, comparado con ARENA, sino una verdadera opción política. Y eso no tenía sólo que ver con la plataforma de gobierno que se diseñara, sino también con la fórmula de candidatos propuesta por el partido.

La fórmula electoral de 2009 fue la clave de la victoria electoral de ese año. Lo novedoso fue integrar a la fórmula, como candidato presidencial, a una personalidad (Mauricio Funes) que no prevenía de las filas del partido, pero que desde su trabajo en los medios de comunicación había dado muestras de un compromiso decidido con la democracia y la justicia.

En torno a la candidatura de Funes se articuló un importante movimiento –los “Amigos de Mauricio”– que fue decisivo para sumar al caudal electoral del FMLN los votos adicionales que contribuyeron al triunfo de marzo de 2009. El FMLN, tras dos décadas de lucha política –una década como ejército y otra como partido–, accedía por primera vez, y con él la izquierda, a la conducción del gobierno salvadoreño. Algo histórico había sucedido. La izquierda siempre excluida del ejercicio político pudo acceder a la principal instancia de poder sin disparar un tiro. La derecha tuvo que acepar la derrota en su cancha y con las reglas que ella misma había creado.

La hegemonía de la derecha fue puesta en jaque. La posibilidad de cambios importantes a nivel socioeconómico en el país suscitó grandes expectativas. Aun las sigue suscitando, pues los males estructurales del país radican en su modelo económico que excluye y margina a la mayoría de salvadoreños. Mientras ese modelo no sea transformado, es poco probable que El Salvador salga del atolladero en el que se encuentra.

Se trata del presente de nuestro país, cuando el FMLN se ha convertido –pese a que se le quiera ver como “partido en el gobierno”– en “partido de gobierno”. Asumirse como tal no le fue fácil; tuvo que aceptar, cuando menos, que a) el partido no podía vaciarse en el gobierno1; b) la independencia del presidente Funes para conformar el gabinete y trazar su estrategia de gestión; y c) la presencia en el nuevo gobierno de figuras provenientes del movimiento “Amigos de Mauricio”.  

Tras un periodo de tensiones generadas al calor del debate sobre estos temas –a los que se sumaron otros asuntos como las reservas del presidente Funes ante socialismo del siglo XXI–, las relaciones entre el gobierno y el FMLN se estabilizaron, sobre todo a partir de la divulgación del Plan Quinquenal de Desarrollo –en junio de 2010– que puso de relieve el vínculo del gobierno con el FMLN en asuntos sustantivos de carácter económico y social. 

Llegar a la actual fase de equilibrio –cuando se está a punto de cumplir el segundo año del gobierno de izquierda— supuso asumir con realismo, por el lado del FMLN, las posibilidades que se abrían de incidir desde el Ejecutivo en la dinámica del país, a partir de la cuota de poder alcanzada en ministerios importantes. No se controlaron todos los ministerios, pero sí algunos de los más importantes: Educación, Seguridad Pública y Justicia, Gobernación, Trabajo, Relaciones Exteriores, Obras Públicas y Salud.

Otras dependencias quedaron en manos de algunos miembros del movimiento “Amigos de Mauricio”  –Ministerio de Hacienda y hasta hace poco la compañía de electricidad CEL— y un ministerio –el de Economía— en manos del partido Cambio Democrático (CD). Figuras independientes de izquierda tienen a su cargo instancias como el Ministerio de Medio Ambiente y el Banco Central de Reserva.

El maximalismo inicial de algunos militantes y dirigentes del FMLN fue reemplazado por posturas realistas que no sólo permitieron reconocer las atribuciones del presidente Funes, sino el margen de maniobra con el que el partido contaba en la nueva coyuntura.

Este realismo permitió que  los temas ideológicos fueran cediendo su lugar a los acuerdos y el trabajo conjunto. Un asunto que despuntó como polémico fueron las relaciones del FMLN con Hugo Chávez y la integración de El Salvador a los convenios con Alba Petróleo de Venezuela. Empero, el FMLN aceptó la decisión del presidente Funes de no vincularse a Petrocaribe, mientras que el FMLN –a través de sus alcaldías—  pudo potenciar sus relaciones con Alba Petróleo, que recientemente inauguró una importante planta industrial de hidrocarburos en El Salvador.

También el FMLN ha mantenido una relación cercana con Daniel Ortega, pero ello no ha tenido implicaciones significativas en las relaciones del FMLN con el gobierno de Mauricio Funes. Lo que sí generó algunas diferencias fue la postura ante el golpe de Estado en Honduras contra Manuel Zelaya, en 2009. Mientras que el FMLN apoyó abiertamente a Zelaya, desde el gobierno se manejaron diversas salidas, que enfatizaban la vía de la prudencia diplomática.

En fin, no sólo el FMLN ha cedido al realismo. También lo ha hecho el gobierno del presidente Funes. En esto, el papel del ex presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, ha sido clave, pues su cercanía con el gobierno y con el FMLN le permitió dar consejos oportunos conducentes a moderar las respectivas posturas.

Como quiera que sea, en la fase actual de su larga trayectoria histórica, el FMLN se ha convertido en un soporte firme de la democratización del país. Ha dado muestras de una capacidad de cambio ideológico e institucional verdaderamente sorprendente. Sigue defendiendo el ideario socialista, pero ahora lo relaciona estrechamente con la democracia no sólo política, sino social y económica.

Hay conciencia en su dirigencia de que ese ideario sólo puede ser defendido en un marco democrático con una institución partidaria sólida y competitiva. Este es el FMLN de ahora. Un FMLN cuya dirigencia sabe que para impulsar transformaciones sustantivas en el país sólo se cuenta con mandatos temporales que deben ser renovados periódicamente y que los cinco años de la actual gestión son una oportunidad para probar a la población que la izquierda puede hacer mejor las cosas que la derecha.

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(*) Académico y columnista de ContraPunto

(**)Texto tomado de un artículo más largo preparado para Nueva Sociedad.  Se le han hecho algunos cambios leves.

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