Estas visitando Archivo ContraPunto

Para ir a Diario Digital ContraPunto click AQUI

Facebook RSS Twitter

Noticias de El Salvador - ContraPunto

Mayo 17 / 2012

Los 20 años del paso de la guerra a "la paz"

E-mail Imprimir PDF

Cecilia Rodas Zúniga (*)  

SAN SALVADOR - Por aquellos años de la firma de la paz, viviendo como estudiante en Europa alejada de la realidad del pulgarcito de los últimos tiempos de la guerra, podía enterarme que aquellos finales fueron muy duros a tenor lo que mi familia me contaba.

Pero más que hacer una memoria de aquellos tiempos, que por ausencia podría resultar inexacta, me gustaría referirme a la realidad actual haciendo una comparación y tomando como referente la ilusión con que por aquella época recibía las noticias de las conversaciones de paz y el acto final en el Castillo de Chapultepec en México, sin dejar de lado la nostalgia con que a través de las noticias veía las celebraciones nacionales en la Plaza Cívica.

Aquellas eran épocas de cambios dramáticos pero esperanzadores que en lo personal vivía con expectación y que estaban siendo analizados con lupa en un entorno académico-político que no se imaginaba, y por tanto, no esperaba tales acontecimientos, lo que estaba sucediendo en la Europa Central, Europa del Este y la extinta Unión Soviética era tan grande y tan fuerte, que no dudo eran también objeto de un profundo análisis en el entorno de las conversaciones de la paz salvadoreña, la nueva correlación de fuerzas que estaba teniendo lugar en el mundo sin duda exigía que se tuviese en cuenta que no se podía retroceder sino más bien, era imperativo sacar un Acuerdo de Paz a como diera lugar, ese a como “diera lugar”, el condicionante del reloj de la Sede de la ONU el día fijado como límite para el cierre de las conversaciones, y la inmoralidad de algunos de los protagonistas, han sido tres circunstancias que a estas alturas del cuento nos está pasando factura, especialmente cuando ahora nos damos cuenta que las cosas no quedaron atadas y bien atadas y que se dejó por fuera temas que ahora son irremediablemente, el Talón de Aquiles de la paz.

 Recuerdo que me preocupaba tremendamente la situación de todos los desmovilizados de ambos bandos y sus familias, y recuerdo también que en un foro realizado en la Casa de América en Madrid a propósito de los Acuerdos de Paz a finales del año 92, en el que estuvieron como invitados principales los protagonistas de ambos lados de la mesa, sugería que se empezase a destinar una buena parte de los recursos de la cooperación -que por entonces fluía a raudales por el hecho histórico que estaba sucediendo-, en la preparación de los excombatientes y “grupos de riesgo” para la vida pacífica, porque me imaginaba, por la misma regla de tres, que si a los y las desmovilizadas y a otros protagonistas indirectos no se les proveía de herramientas para ganarse la vida al margen del fusil, dentro de muy poco, seríamos testigos y víctimas de la nueva violencia generada por defecto en tiempos de paz…nunca me equivoqué porque lo tenía clarísimo y los años que han pasado, 20 en concreto, me dan la razón.

Pero sin apartarme del hecho histórico, lo que verdaderamente lamento y quiero manifestar es mi profunda decepción ante los protagonistas del ala izquierda de esta historia. En aquel momento era obvio que el ala derecha seguiría manteniendo su postura, sus políticas, su status quo pues para eso era la parte derecha de la historia, pero la esperanza era la parte de la izquierda: ellos que venían de las montañas (ahora nos damos cuenta que los que bajaban de las montañas eran los verdaderos protagonistas, lo que pusieron la carne de cañón), de pasar todo tipo de penurias, de luchar por un alivio a la miseria de este pueblo, ellos y ellas representaban las ilusiones de cambio metidas en un mismo costal. Creo que ninguno nos imaginábamos en aquel momento lo que íbamos a ver 20 años después.

Y qué es lo que estamos viendo en la actualidad? pues lo mismo que siempre vimos desde el lado derecho de la historia salvadoreña: luego de comprobar que no es lo mismo verla de lejos que bailar con ella, la gran comandancia general, la que dirigía la guerra a control remoto desde el exilio dorando, ahora la cúpula del partido “en el poder” (entre comillas por supuesto) y sus “inteligentes” delfines, se olvidó de los enormes sacrificios de este pueblo, de sus viudas, de sus miles de hijos e hijas huérfanas, de los muertos, de los desaparecidos, de los verdaderos protagonistas de la historia de guerra que son los miles y miles de excombatientes que viven en condiciones lamentables, viviendo los que tuvieron suerte, con pensiones de miseria en un país cada vez más caro y exigente porque hay que guardar las apariencias.

Y como si del ala derecha de la historia se tratara, los miembros de la cúpula en su mayoría hoy los delfines de aquel momento, armaron sus grupitos de poder y copan en la actualidad las más importantes instituciones del Estado actuando sin ningún pudor ante la miseria rampante que es cada vez más fuerte que las esperanzas, viviendo de la cortísima  memoria ciudadana y saliendo a la calle a codearse con “la majada” solamente en época electoral, pero eso sí, viviendo como potentados del infame negocio de la política y de los negocitos colaterales que ésta proporciona, negocio sucios? Ellos mejor que nosotros lo sabrán…

Pero lo que es cierto, es que, una vez, acomodados y ya en los brazos de la veleidades del poder, en estos 20 años han visto en exclusiva para ellos el rentable negocio de la política, muy degradante por cierto, ésa, que ahora les permite negociar únicamente sus intereses partidario-personales por debajo de la mesa sin apenas sonrojarse, recibiendo lo que les caiga con la mano izquierda y con la derecha destrozando lo que queda de las Instituciones para anular totalmente al Estado, si total, en este país la desvergüenza camina a la par de la historia, y ésta apenas va dejando huella como no sea por las escaramuzas que a veces arman los excombatientes, que cada vez tienen menos fuerza, y cuyas manifestaciones a estas alturas, solo sirven para demostrar la “democracia de pantalla” que ha sido creada en estos maravillosos 20 años.

Lo que supe después en mi estancia Ibérica fue que la guerrilla y los gobierno de la época  estuvieron casi siempre, desde el inicio de la guerra, en conversaciones, halando cada uno para su lado en ocasiones y muy de acuerdo en otras, pero siempre ocupando en su momento, el status que le correspondía.  Ya al margen de mi crítica sobre todo dirigida a una ciudadanía yerma y sin más ánimo de reacción ante lo que es cada día más evidente y aún más indignante, voy a aprovechar un breve espacio para mencionar en estas líneas a Don Fernando Álvarez de Miranda, ex Embajador de España en El Salvador y enviado por el entonces Primer Ministro Español Felipe González, allá por los años 86-88,  que puso su mejor esfuerzo al servir de mediador, a quien muy poco o nada se le reconoce ahora, pero que constituyó un fuerte pilar y un apoyo incondicional del pueblo Español para que en El Salvador la cosa se resolviera.


Don Fernando -y sus más estrechos colaboradores-, persona que cuando vino a nuestro país traía tras de sí una enorme y admirable trayectoria de lucha por la democracia en su país, se jugaron el tipo y hasta la vida en su misión salvadoreña, tenían entre sus acérrimos enemigos a un sector de la casta millonaria y empresarial que consideraba que iba demasiado lejos prestando su residencia y su mejor voluntad a unas conversaciones que en el futuro, ponían en peligro la libertad de esta gran nación al invitar a dialogar a los dos bandos enfrentados, ¡el fantasma del comunismo acechaba gracias a la intermediación de Don Fernando! su contribución a estas alturas, en un país de memoria corta, apenas se reconoce, pero Don Fernando todavía se emociona al recordar, en su agradable residencia Madrileña, aquellos años, que constituyeron lo que fue, a mi criterio, la ilusión más cercana a lo justo y lo políticamente correcto, pero que en el camino del devenir se torció para desgracia de un pueblo que sigue esperando que un día se le dé lo que legítimamente le corresponde, es decir, la paz verdadera y la libertad de elegir. ¿Es esto mucho pedir para un pueblo que viene de donde realmente golpearon duro? ¡Definitivamente No! el pueblo se quedó corto y se sigue quedando corto todavía 20 años después, y esto lo afirmo sin ninguna duda!

(*) Socióloga y colaboradora de ContraPunto

Otros medios

Diario Cultural de El Salvador contrACultura

Portal de Audiovisuales ContraPuntoTV

Galería de Fotos ContraPuntoFoto

Archivo Digital Roque Dalton Roque Dalton