Estas visitando Archivo ContraPunto

Para ir a Diario Digital ContraPunto click AQUI

Facebook RSS Twitter

Noticias de El Salvador - ContraPunto

Mayo 17 / 2012

Fracaso del poder civil: peligro para la sociedad civil

E-mail Imprimir PDF

Julián González Torres (*)  

SAN SALVADOR – La fijación de Mauricio Funes por los generales en estado “de baja” pueda que, en efecto, no conduzca a una militarización de la seguridad pública del país. Pero el hecho de que las autoridades principales sean militares pone en peligro a la sociedad civil. O, si el lector prefiere: la población queda expuesta a otro tipo de peligros.  

El mensaje presidencial no dicho ni escrito es claro: el poder civil ha fracasado en su lucha en contra de la delincuencia común y las estructuras criminales que se lucran de la extorsión, el narcotráfico y el sicariato. Ante ese triste fracaso, se recurre a la “inteligencia” militar, se busca una solución que esté permeada de la mentalidad militar. Allí está el peligro para la sociedad civil. Además del problema gramatical, señalado por Ricardo Ribera, aquí hay una cuestión de visión política; en concreto: qué tipo de seguridad pública se creará de ahora en adelante. ¿Cuál es el mensaje para el país? ¿Que los militares son la salvación? 

Ciertamente, el principal responsable del descalabro actual de la seguridad pública es el partido ARENA, quien a lo largo de veinte años fue incapaz de poner en funcionamiento un adecuado sistema de seguridad pública. Hoy provocan risas sus candidatos, pues como simples diputados prometen acabar con problemas de seguridad que son estructurales. Y la población se equivoca garrafalmente al pretender medir con la misma vara 20 años de gestión presidencial de un partido de derecha y, apenas, 2 años y medio de un gobierno de izquierda. 

Ahora bien, lo señalado en el párrafo anterior no exime a Funes del error que ha cometido al nombrar a dos generales “de baja” al frente de la seguridad pública de la nación. Esto es grave. Funes ha abierto la puerta y por allí pueden pasar más, y otros más. Sabemos del ministro Munguía Payés y del nuevo director de la PNC, Francisco Salinas, porque ambos disponen de un espacio en la “farándula gubernamental”. Pero, ¿cómo estar seguros que en aquellos cargos “irrelevantes” no colocarán a más militares? 

El presidente pide que no se vea a la fuerza armada con ojos del pasado. Pero es justamente nuestro pasado el que estaría señalando que se ha cometido un error con ambos nombramientos. Hasta donde el entendimiento me da, todo militar es disciplinado y entrenado para la guerra, no para administrar la seguridad de la sociedad civil.  

Cuando digo que la sociedad civil está en peligro, me refiero a que pueden aumentar los abusos de autoridad. La creación de estados de excepción, que al parecer van en serio, podría implicar la violación de derechos ciudadanos importantes como el libre tránsito, la libertad para asociarse y la libertad de expresión. El FMLN ha hecho bien al criticar ambos nombramientos. Muchos dirán que a la fecha, los criminales ya violaron una y otra vez la libertad de tránsito y de expresión. Hay desesperación en la mayoría de la población salvadoreña. Pero, entonces, pensemos mejor las cosas y exijamos medidas verdaderamente radicales que permitan levantar un aparato civil de seguridad pública sólido, con recursos científico-tecnológicos y lo más transparente posible.

Al redactar este artículo de opinión, leo en La Prensa Gráfica, del día 03 de febrero de 2012, que Munguía Payés está solicitando un sistema de policías, fiscales y jueces especiales. “Especiales”: ¿para qué?, ¿para quienes?, ¿con qué recursos económicos?, ¿en qué instalaciones? ¡Para procesar más rápido a los capturados! Las cárceles están a reventar y está comprobado que no son los mejores lugares para que un individuo se “regenere” y se “reintegre” a la sociedad. 

El nombramiento de ambos militares tiene mucho de mediático y populista. El presidente alega que la mayoría de salvadoreños ve con buenos ojos la llegada de militares al ministerio público. En caso de que sea así, hay que recordar que no siempre lo que la mayoría quiere es lo mejor para una nación. Hubo un tiempo en el que miles de alemanes apoyaron la política expansionista y guerrerista de Adolf Hitler. Los resultados ya los conocemos. ¡El ejemplo es extremo! Lo importante es no olvidar, nunca olvidar. 

Cuando hablo de “medidas verdaderamente radicales”, pienso en la tan postergada reforma fiscal. Es mucho más fácil nombrar a un militar al frente del Ministerio de Justicia y Seguridad Pública, que lanzar una auténtica reforma fiscal que haga más justo el sistema de recaudación de fondos públicos. Lo primero genera entusiasmo mediático y apoyo de la mayor parte de la población. Lo segundo desata la férrea oposición, económica y política, de la ANEP y similares. Con lo primero, fácil puede el presidente; con lo segundo, aún está en deuda. Con la auténtica reforma fiscal, habría más ingresos económicos para pensar un mejor sistema de seguridad pública. El nombramiento de los militares sólo trae entusiasmo ingenuo y falsas expectativas. 

Cuando un instituto nacional de educación secundaria —en concreto, el INFRAMEN—es pomposamente visitado por un militar, el director de la PNC, y no por el ministro de educación o el secretario de cultura, entonces algo anda mal, pero muy mal, en nuestra sociedad. Cuando cualquier presidente obtuso coloca a militares al frente de la seguridad pública, no sólo pone en clara evidencia el fracaso del poder civil en materia de seguridad, sino que pone en situación de peligro a la sociedad civil. Ojalá que no se abra más la puerta a militares, ni que se empiecen a cavar túneles de acceso

(*) Profesor de filosofía y colaborador de ContraPunto.

Otros medios

Diario Cultural de El Salvador contrACultura

Portal de Audiovisuales ContraPuntoTV

Galería de Fotos ContraPuntoFoto

Archivo Digital Roque Dalton Roque Dalton