Agosto 01 / 2014 G+ Facebook TwitterLinkID

Edmundo Jarquín (*)
MANAGUA - Es usual, cada fin de año e inicios del siguiente, intentar hacer un balance de lo ocurrido en el año recién transcurrido.
En las apretadas líneas de un comentario periodístico es imposible ser exhaustivo, de modo que me limitaré a una pregunta que nos introduce a un balance muy específico: ¿Hay en Nicaragua una "nueva mayoría política"?
En el gobierno, y desde algunas opiniones formalmente fuera del mismo, se señala a título de balance político que en 2012 ha cristalizado una "nueva mayoría", en referencia a la "aplastante" victoria del FSLN en las elecciones municipales, que habrían refrendado la "aplastante" victoria en las elecciones  de 2011.
El concepto de "nueva mayoría" alude al hecho que durante varias elecciones anteriores, notablemente en 1990, 1996 y 2001, otra mayoría, aglutinada en el polo antisandinista, había triunfado holgadamente. Y en 2006, en que todavía se contaron relativamente bien los votos, el FSLN obtuvo únicamente el 38%.
Precisamente, hemos iniciado este comentario con una interrogante porque a partir de las elecciones municipales de 2008, desde el punto de vista electoral, es imposible establecer si en Nicaragua se ha conformado una "nueva mayoría" política y cuáles son sus características, por la sencillísima razón que en nuestro país los votos no se cuentan bien. Y cuando se llegan a contar bien, se arrebatan, como ocurrió recientemente en Ciudad Darío, Matiguás y Nueva Guinea.
Pero si bien desde el punto de vista electoral es imposible saber si se ha conformado o no una nueva "mayoría política", concedamos a quienes así argumentan que el FSLN habría mejorado su posición en la opinión pública, aunque no es posible saber en cuánto. Con la misma validez que los razonamientos de naturaleza analítica, a falta de números confiables, con los cuales se argumenta en favor de la "nueva mayoría" del Orteguismo, se puede analíticamente levantar la siguiente interrogante: si el Orteguismo es mayoría, ¿porqué teme contar bien los votos?
Pero concedamos, siempre con fines analíticos, que el Orteguismo habría mejorado su posición en la opinión pública. Al filo de quienes así argumentan se dan, básicamente, tres razones:
Primero, la holgura finaciera, en este caso principalmente explicada por la cooperación venezolana, que ha permitido programas como las láminas de zinc, las canastas familiares en ocasión de la Purísima, los juguetes navideños, y otros programas distributivos, que en una situación de mucha pobreza y grandes carencias, son bien recibidos por la población beneficiada.
Segundo, una situación excepcionalmente favorable en los últimos años en cuanto a los precios de todos nuestros productos de exportación, y de crecimiento de las remesas y la gran inversión extranjera, que sumado a condiciones económicas muy positivas heredadas del gobierno anterior, y a una política macroeconómica en línea con la de gobiernos anteriores, ha mejorado, moderadamente si se quiere, pero mejorado, el crecimiento económico en los últimos tres años.
Tercero, los fantasmas que perseguían al Orteguismo desde los años 80 -servicio militar, racionamiento, hiperinflación, confrontación con Estados Unidos-  se han quedado en fantasmas.
De las tres razones, solamente la última podría operar sostenidamente a favor del gobierno.
Las otras dependen de factores, en buena parte, ajenos a nuestra voluntad.
Lo que sí resulta evidente, desde el punto de vista analítico, es que la polarización política heredada de los años 80, y que se aglutinó en un polo sandinista, nucleado en el FSLN, y un polo antisandinista, nucleado en el Partido Liberal, ha venido menguando. La inmensa mayoría de la población no tiene memoria de los años 80, y las razones que condujeron al alineamiento antisandinista ya no tienen la misma fuerza, y las que condujeron al alineamiento sandinista han cambiado notablemente.
En ese sentido, sí se puede hablar de una nueva mayoría, pero que ya no responde a la polarización de antaño, y que es inútil y no ayuda a Nicaragua tratar de revivirla. El gran desafío es dar expresión a esa nueva mayoría, que seguramente rompe las líneas de la vieja polarización, que no responde tanto a los anti como a los pro, que no es excluyente y sectaria, que se define más por lo que quiere hacer por Nicaragua, y no por las rencillas del pasado.  

Al borde del abismo

Los Estados Unidos de Norteamérica se asomó al abismo, pero no se precipitó en el mismo. Un acuerdo de última hora impidió que entraran en vigencia una serie de reformas fiscales que seguramente habrían precipitado a ese país, y a gran parte del mundo, en una gran recesión económica.
Nuestro país no se habría escapado a las consecuencias negativas. Lo vimos con motivo de la crisis de 2008 que se tradujo en que nuestra economía, al siguiente año, decreció.
Pero Estados Unidos, si bien evitó el llamado "abismo fiscal" al iniciarse este año, solamente ha prorrogado lo más duro de las negociaciones para lidiar con el déficit fiscal y la gran deuda pública, en adición a una nada despreciable deuda privada. De tal manera que la amenaza subsiste, y el riesgo para nosotros también.
Lo anterior llama la atención sobre la necesidad y urgencia de construir bases internas de mayor sostenibilidad de nuestro crecimiento económico. Hay algunas que solamente se construyen, si se empieza pronto, en el mediano y largo plazo, como la cobertura y calidad de la educación, la productividad, la infraestructura. Pero hay otras, como las relativas a la institucionalidad, y consecuentemente la seguridad jurídica y la confianza política para que aumente la inversión, que se pueden construir a lo inmediato.
Este año se puede cometer un fatal error político para las perspectivas económicas y sociales de nuestro país. Un recambio simplemente cosmético en la Corte Suprema de Justicia, Consejo Electoral y Contraloría, podrá consolidar el poder de Ortega a corto plazo, pero ni él, ni su partido político, ni nadie, podrán reclamar ganancias a mediano y largo plazo. Nos estaríamos poniendo al borde de nuestro propio abismo.
No se trata de cambiar unos pocos funcionarios en esos poderes del Estado, sino de tener funcionarios competentes e independientes. Ya tuvimos magistrados sandinistas, liberales, conservadores, que actuaron con apego a la ley. Es posible volver a tenerlos, si así se reclama con convicción y energía, evitando complacencias con el poder que solamente alientan la concentración de más poder.

(*) Columnista de ContraPunto

Comentarios   

0 #1 Se le ha olvidadoTeodoro Martinez 12-01-2013 05:13
Este calumnista no habla que Ortega ha convertido a Nicaragua un país entre los países mas pacíficos de Latinoamerica y en educación hoy por hoy es el numero 2 en Centroamérica.
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