Diario Digital ContraPunto

Entre gitanos, no se leen la mano

Benjamín Cuéllar (*)  

SAN SALVADOR - “Cuando usted se coloca frente a un espejo y levanta la mano derecha, ¿qué imagen ve? La misma, sólo que con la mano izquierda arriba”. Así comencé el editorial de la emisora de la Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas" (UCA), la YSUCA, el 17 de diciembre del 2010, a propósito del accionar legislativo en esos días por parte de los bandos que hicieron la guerra y que como partidos políticos –a dos décadas del “alto al fuego”– no dejan que la paz se instale en el país porque son iguales: solo piensan en sus intereses. Esa paz llegará cuando en El Salvador se respeten los derechos humanos, se viva en democracia y nos unamos para enfrentar sus más graves problemas. Eso fue lo que acordaron en Ginebra, el 4 de abril de 1990, los entonces gobernantes y alzados en armas cuando comenzaron a negociar el fin del conflicto armado.

 

Pasaron veintidós años ya de ese esperanzador suceso y el gran sueño posible de una convivencia social en armonía, incluyente y solidaria, no se realiza a la fecha. En el país no hay una democracia cierta y los derechos humanos de las mayorías populares, sobre todo, siguen siendo irrespetados; además, en lugar de unirse se está cayendo a pedazos. Los responsables, hay que decirlo, son los de siempre estén en la cancha que estén. A final de cuentas, la tan esperada “alternancia” y el muy cacareado “cambio” solo sirvieron para igualarlos en picardía, perversión y prepotencia mezcladas con ineficacia, irresponsabilidad e insolencia.

 

¿No es cierto eso?  Veamos un par de ejemplos. El vocero de quienes antes dijeron ser paladines de la justicia, al preguntarle las razones para sacar a Belarmino Jaime de la Sala de lo Constitucional respondió así: Porque tengo más simpatías por el otro presidente que vamos a elegir. Simplemente tengo más simpatía”. En medio del forcejeo entre quienes querían derogar el Decreto 743 y quienes se oponían a ello, en julio del 2011, el mismo personaje declaró sobre la posible destitución o el movimiento de Jaime y tres magistrados más a otra Sala distinta de la Corte Suprema de Justicia: “No vemos, hasta ahora, ningún argumento de peso. Y, si en determinado momento hubiese argumentos de peso, nosotros lo vamos a considerar”.

 

Ese momento llegó este martes 24 de abril, con un argumento de “enorme peso”: a él le “cae mejor” el presidente de la Corte que acaban de elegir. Por eso, Jaime no solo fue retirado de ese cargo sino también fue expulsado de la Sala de lo Constitucional. Para justificar lo segundo, el vocero del FMLN asegura que fue nombrado para integrarla únicamente por tres años. ¿Cómo explica el haber nombrado magistrados propietarios de dicha Sala por nueve años a tres vocales de la misma –Florentín Meléndez, Sydney Blanco y Rodolfo González– y solo por tres a quien eligieron en el mismo acto como presidente del Órgano Judicial y de la mencionada Sala? ¿A quién quiere engañar y quién puede confiar en este “politiquero”? ¡Que no insulte la inteligencia! Se trata de un “ajuste de cuentas” con quien no “agachó la cabeza” frente a su partido y otros poderes, además de un “reacomodo de piezas” para limpiar de obstáculos el camino electoral.

 

Sin conocer al futuro presidente de la Corte, no queda más que preguntarse porqué aceptó el cargo sin al menos criticar la “vendetta” contra Belarmino Jaime conociendo –por haber sido su suplente– su digno desempeño. Más aún, ¿está de acuerdo en que por ser más "simpático" que su antecesor, merecía el puesto? ¿No le resulta ofensivo eso si tiene otros méritos objetivos? ¿No tiene miedo de hacer cumplir la Constitución, cuando el partido que lo apoyó no perdona eso? ¿Está seguro de su estabilidad en el puesto bajo esos términos?

 

No alcanza el espacio para recordar al FMLN oponiéndose al nombramiento de Romeo Barahona como Fiscal General de la República en el 2006; según declaraciones de un par de sus caciques, tenían indicios de su vinculación con el crimen organizado. Tampoco para ver a toda su fracción en pleno votando tres años después, obediente y no deliberante, para elegirlo a pesar de los pesares. Ni lo hay para ridiculizar al actual ministro de Trabajo, flamante representante del "cambio" y la "revolución", tras sus declaraciones sobre Ástor Escalante en el 2009 rechazando furibundo que lo eligieran Fiscal General; para su partido, pasados tres años, después de ser el "demonio derechista” se convirtió en el "ángel guardián de la legalidad".

 

No hay duda que la dirigencia del FMLN, con una que otra trampa, cumplió los acuerdos de paz al entregar las armas insurgentes; pero se pasaron al entregar también, sin haberlo convenido, ideas e ideales. Los salarios que se acaban de recetar en la Asamblea Legislativa algunos de sus miembros y las comodidades que disfrutan desde hace un buen rato el resto de su "iluminada cúpula", explican tan "grande y noble sacrificio".      

 

Y los que cambiaron de la cancha del Gobierno a la de la oposición, los de ARENA, tampoco se salvan. Hoy claman en defensa de las instituciones cuando durante la posguerra las han mantenido secuestradas, para su beneficio. Prueba reciente de ello: lo que ocurrió en junio y agosto del año pasado tras las decisiones del juez Eloy Velasco en la Audiencia Nacional de España, en el marco de la justicia universal que se está ejerciendo por la masacre realizada en la UCA el 16 de noviembre de 1989.

 

“Cuando ARENA, de buena fe, dio sus votos por el decreto 743, el 2 de junio, lo hizo precisamente para evitar que el país entrara en una peligrosa confrontación, pues teníamos información que la Sala de lo Constitucional declararía inconstitucional la Ley de Amnistía General para la Consolidación de la Paz, lo cual atenta contra el Proceso de Paz, piedra angular de nuestra Democracia”, sostuvo ese partido en un comunicado. ¡Sepulcros blanqueados! ¿Van a seguir igual cuando se afecten sus intereses o le van a entrar en serio a la defensa de la justicia sin distinción alguna, sobre todo sin considerar quién es la víctima y quién el victimario?

 

Tampoco alcanza el espacio para exhibir a estos farisaicos cuya conversión a demócratas verdaderos pasa, sin duda, por "entregar los anillos antes de que les corten los brazos". Eso fue lo que, más o menos, les dijo monseñor Romero hace varias décadas. No lo escucharon y nos fuimos a la guerra.

 

“No hay duda –dije también en diciembre del 2010– que en el fondo son lo mismo: aparatos burocráticos que se activan solo a la hora de las elecciones; que prometen el cielo y la tierra en las campañas pero luego, cuando alcanzan sus propósitos y sus miembros instalan sus respectivas posaderas en las curules parlamentarias, se olvidan de cumplir con su deber constitucional: representar al pueblo entero y no estar ligados por ningún mandato imperativo”. Entonces  lancé las interrogantes siguientes: ¿Hasta cuándo el pueblo salvadoreño va dejar que eso continúe ocurriendo? ¿Hasta cuándo permitiremos que nos sigan “viendo la cara”? ¿Cuándo se les dirá ya basta, dejen de seguir “paseándose” en el país y su gente?.

 

Casi al final de dicho editorial para la YSUCA, hice este llamado y lo sostengo: “Que de una vez por todas se nos agote la paciencia con esta calaña de políticas y políticos, dignos pero de nuestro desprecio. Porque no podemos ni debemos seguir ayunando en democracia. Es demasiado riesgoso. Si volteamos a ver la historia nacional del siglo pasado, encontraremos dos estallidos: uno en enero de 1932 y el otro que comenzó a gestarse con las elecciones fraudulentas de 1972 y desembocó en la guerra de 1981 en adelante. Pero, sobre todo, es demasiado inmoral e injusto si recordamos de verdad y decimos honrar a los mártires del Frente Democrático Revolucionario, asesinados brutalmente hace treinta años; también a todas las buenas personas que entregaron su existencia para que pudiéramos vivir en un país decente, normal. Ese país es el que no nos dejan tener esos dos partidos y por el que debemos luchar con pasión, acción e imaginación. He ahí la solución”.

 

(*) Columnista de ContraPunto